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	<title>Noticias Villaguay &#187; Manuel Langsam | Noticias Villaguay</title>
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	<description>El Diario del Domingo</description>
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		<title>La columna de Manuel: &#8220;Pequeña historia del Banco Popular Agrícola de Villa Domínguez&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Dec 2013 11:23:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Noticias Villaguay]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper"><a href="http://i2.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/12/banco-dominguez.jpg"><img class="alignright size-large wp-image-2585" style="margin-left: 15px; margin-right: 15px;" alt="banco dominguez" src="http://i2.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/12/banco-dominguez.jpg?resize=509%2C350" data-recalc-dims="1" /></a><em><strong>(Por Manuel Langsam)</strong></em> &#8211; En Domínguez, en el edificio en el que hoy funciona el Nuevo Banco de Entre Ríos, estuvo durante muchos años un banco propio del pueblo y las colonias que se llamó Banco Popular Agrícola de Villa Domínguez S. A.  Fue creado por los mismos inmigrantes emprendedores que fundaron la cooperativa Fondo Comunal, la Sociedad Sanitaria Israelita Hospital Clara, la farmacia Dr. Yarcho, la sinagoga, la biblioteca Sarmiento y el salón Casa del Pueblo.</p>
<p>En esos años Domínguez tenía una vida de gran movimiento comercial y no estaba para nada descuidada la actividad cultural. Había fuertes casas comerciales y todas las colonias estaban pobladas y en plena actividad. Para dar sustento económico a esa actividad fue necesaria la creación de una entidad financiera que la respaldara y no depender solamente de los bancos Nación, Entre Ríos o Italia que, además, estaban en Villaguay y viajar hasta  podía llevar todo un día.</p>
<p>La creación del banco tuvo inmediata aceptación y todos los colonos y comerciantes compraron algunas acciones y empezaron a operar en cuentas corrientes, cajas de ahorro, a obtener créditos para sustento o inversión en alguna herramienta, semillas o laboreo.</p>
<p>Hecha esta introducción, contaré una anécdota seguramente desconocida u olvidada y que viví desde adentro. Trabajé en el banco como auxiliar en el año 1954 apenas recibido de perito mercantil. Luego interrumpí por el servicio militar y otras actividades desarrolladas al egreso.</p>
<p>Pero en 1957 renunció el tesorero y me llamaron nuevamente para cubrir ese cargo, en el que estuve hasta 1961, año en que renuncié para iniciar mi carrera universitaria.</p>
<p>Durante la década del cincuenta la situación del banco comenzó a tener algunas dificultades, seguramente a consecuencia de que coincidió con la época en que empezaron a despoblarse las colonias, razón por la que disminuye notablemente el número de clientes.</p>
<p>Además, el gobierno había nacionalizado todos los depósitos por lo que las cuentas corrientes y cajas de ahorro se hacían “por cuenta y orden del Banco Central de la República Argentina”. También se hacía un estricto control de los créditos otorgados mediante periódicas auditorías hechas por personal venido directamente desde Buenos Aires para cumplir con esa misión. En la zona había tres pequeños bancos que estaban en la mira del Banco Central: el Banco de Domínguez, la Caja Rural de Villa Clara y el Banco de Villa Elisa. Al parecer el que estaba más comprometido era el de Domínguez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 1954, cuando se supo que venía una nueva auditoría, comenzó a sospecharse que venían directamente a cerrar el Banco. El directorio se reunía todas las noches a tratar el tema y buscaban desesperadamente una solución para salvarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En una de esas reuniones, el día anterior a la llegada de la comisión auditora, el director Bernardo Gleiser, que en ese momento era también intendente peronista del pueblo, dijo que, aunque no garantizaba nada, creía poder ayudar con un recurso que mejoraría la posición del Banco. Acto seguido se fue hasta la Municipalidad (quedaba a media cuadra) y se apareció con dos inmensos cuadros: uno de Perón y otro de Evita. El resto del Directorio, no muy convencido, dio su aprobación e inmediatamente bajaron de la gerencia los cuadros de San Martín y el escudo de Entre Ríos y colgaron los del presidente y su extinta esposa.</p>
<p>Al día siguiente, cuando llegaron los auditores, como era su costumbre, se encerraron en la gerencia y no tomaron contacto con nadie del personal del Banco. Sólo llamaban al gerente para pedirle las carpetas o la documentación que les interesaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así estuvieron trabajando una semana en estricta reserva y bajo la atenta mirada del Presidente de la Nación que los miraba con su uniforme de general desde lo alto de su caballo pinto y de la “Jefa Espiritual de la Nación”, como decía el cuadro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca supimos si los cuadros tuvieron o no alguna influencia, pero lo cierto es que el Banco siguió funcionando y sólo muchos años después la situación se hizo insostenible y tuvo que ser transferido a otra casa bancaria que lo adquirió, lo reformó y Domínguez siguió y sigue teniendo un banco..</p></div>
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		<title>La columna de Manuel: &#8220;El pueblo estaba dividido&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Nov 2013 23:25:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Noticias Villaguay]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Manuel Langsam]]></category>
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		<description><![CDATA[Por el Dr. Manuel Langsam Pequeños hechos a veces a veces traen consecuencias no deseadas. En la década del  50 un suceso que, al principio pareció intrascendente, llegó a dividir[...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper"><strong><a href="http://i1.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/11/en-la-cancha-de-independiente-dominguez.jpg"><img class="alignright size-large wp-image-2316" style="margin-left: 25px; margin-right: 25px;" alt="en la cancha de independiente dominguez" src="http://i1.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/11/en-la-cancha-de-independiente-dominguez.jpg?resize=466%2C350" data-recalc-dims="1" /></a>Por el Dr. Manuel Langsam</strong></p>
<p>Pequeños hechos a veces a veces traen consecuencias no deseadas. En la década del  50 un suceso que, al principio pareció intrascendente, llegó a dividir a Domínguez en dos fracciones irreconciliables durante muchos años. Pero también dio lugar a que el fútbol tuviera un auge y una trascendencia desconocida hasta entonces. Gente que en su vida se había interesado por una pelota, se hizo fanática de uno u otro bando y comenzó a intervenir en la vida de los clubes interesándose en que jugadores vendrían o como formaría el equipo.</p>
<p>El origen de todo fue la exclusión de un jugador del equipo de Domínguez por parte del técnico. Esta exclusión no se dio por motivos deportivos sino por cuestiones personales entre el técnico y el jugador. Pero resultó que el jugador en cuestión era de los mejores con que  se contaba. Un cinco (o centrojas, como se los llamaba entonces) que cubría todo el medio campo, tapaba todas las fallas de los otros defensores y era terrible cabeceando en el área rival.</p>
<p>Ese día se perdió por goleada y al finalizar el partido, parte de la comisión directiva se apersonó al técnico para pedirle que revea su decisión de sacar del equipo al jugador. El técnico se negó rotundamente y aseguró que mientras el estuviera al frente, el excluido no volvería a jugar. Hay que aclarar que, además, este hombre era un poco “el patrón” del club. Y se sentía firmemente apoyado por el presidente y otros miembros de la comisión directiva.</p>
<p>Entonces los  disidentes comenzaron a reunirse para resolver que actitud tomar y decidieron que ya que no había vuelta atrás, llamar a una asamblea en el salón de la biblioteca Sarmiento y resolver en definitiva los pasos a seguir. Téngase en cuenta que, como en todos los pueblos, la performance del equipo de futbol del lugar ocupaba un lugar muy importante en la vida de la población, pero era impulsada por un grupo muy reducido de personas. A partir del quiebre, todo el pueblo, sin excepción, tomo partido por uno u otro bando.</p>
<p>Después de mucho discutir y que surgiera gran diversidad de opiniones sobre el futuro del fútbol, se aceptó la idea de formar un nuevo club que, a propuesta de Manuel Ojeda ( ex comisario y Juez de Paz de la época) se llamaría Independiente, usaría la camiseta roja de Independiente de Avellaneda y formaría un equipo de futbol afiliado a la Liga Villaguayense para intervenir en los campeonatos oficiales de la misma.</p>
<p>La propuesta tuvo aceptación de la asamblea de vecinos, se designó una comisión provisoria para organizar el nuevo club, captar socios, conseguir un terreno para la cancha, redactar los estatutos y luego  conformar una comisión definitiva. Recuerdo que esa comisión fue presidida por el nombrado Manuel Ojeda, actuando como secretario Nisio Katzenelson.</p>
<p>El otro club, el ya existente, paso a llamarse Centro Deportivo Domínguez, adoptó una camiseta roja y blanca a bastones y  quedó presidido por David Charchir, que trabajo mucho para llevarlo adelante, continuando en el cargo hasta su prematura muerte.</p>
<p>Desde ese momento, Domínguez quedo dividido en dos fracciones irreconciliables, celosas la una de la otra, y también comenzó la lucha por los jugadores para ser fichados, ya que si hasta el momento todos eran libres por no intervenir en ningún torneo oficial, al afiliarse ambos clubes a la Liga Villaguayense de Futbol, quedaban fichados a disposición del club. Pero Domínguez no daba para conformar dos equipos competitivos con solamente los jugadores locales, y como no era cuestión de quedar con un cuadro débil frente al que sería un rival a vencer y humillar si fuera posible, también se comenzó a fichar jugadores libres de pueblos vecinos. Así, el Centro Deportivo se surtió de jugadores de Las Moscas y La Capilla (hoy Sajaroff), e Independiente trajo jugadores de Villaguay y sobre todo de San Salvador.</p>
<p>Cuando llegaba al pueblo algún nuevo empleado al elevador oficial, el ferrocarril o el correo, los dirigentes se abalanzaban sobre el mismo para preguntarle si sabía jugar al fútbol y, en tal caso, ficharlos.</p>
<p>Se traían buenos jugadores, lo que elevó el nivel de competición de los equipos, pero resultaron una sangría para las finanzas de los clubes, ya que había que pagarles los pasajes o conseguir movilidad para traerlos, alimentarlos y alojarlos, a pesar que muchos eran invitados a quedarse en casas de allegados a las instituciones.</p>
<p>Era tal el ansia de jugar y la responsabilidad por el compromiso contraído, que en una oportunidad los jugadores de San Salvador, que normalmente venían en el tren lechero los domingos por la mañana hasta el Empalme y luego se los buscaba en un auto hasta Domínguez, perdieron el tren. Por supuesto, no había celulares y conseguir una comunicación telefónica podía llevar horas. Esa tarde jugaba Independiente contra Sarmiento en Villaguay y, sin noticias de los ausentes, ya que el auto desde el Empalme había vuelto vacio, se decidió completar el equipo con jugadores juveniles y suplentes, exponiéndose a una gran derrota y vergüenza  ante el otro club local, antes que no presentarse y soportar una fuerte sanción de parte de la Liga.</p>
<p>Ya en el estadio y a pocos minutos de de tener que presentar la planilla con la conformación del equipo (y una vez presentada no había cambios posibles), como una aparición fantasmal, se vió aparecer al trotecito y agotados a los cuatro muchachos de San Salvador pidiendo sus equipos para cambiarse y disputar el partido. Al perder el tren, decidieron venirse a dedo hasta Villaguay y consiguieron llegar hasta El Lucero. Desde ahí no lograron que los arrimara nadie hasta la ciudad y como se acercaba la hora del partido, se vinieron trotando desde El Lucero hasta la cancha de Sarmiento (unos 7 kmts.) llegando  cansados pero felices con poder cumplir con el compromiso y disputar el  encuentro.</p>
<p>La disputa entre los clubes también existía a nivel de la organización de festivales, bailes (los simpatizantes de un club no iban a los bailes de “los otros”), y también en la propalación de publicidad y música diaria  dirigida por los altavoces instalados hacia la calle. Como las sedes de los clubes estaban a una cuadra uno del otro, el atronar de la música se volvía infernal para el resto de la población. Tal era así, que tuvo que intervenir la Municipalidad para ponerle horario de transmisión a cada club como también moderar el volumen de la propalación.</p>
<p>Los domingos en que se disputaban los partidos no había mayores problemas, ya que con buen criterio la Liga dispuso que  a un club le tocara jugar en Villaguay y al otro de local en Domínguez.</p>
<p>Pero… cuando llegaba la fecha en que debían enfrentarse entre ellos, cambiaba todo. Ya desde que comenzaba la semana se notaba el nerviosismo y la inquietud no solo en los hinchas cercanos sino en toda la población, sean jóvenes, mujeres o personas de edad. Y esa inquietud se iba acentuando a medida que transcurrían los días y se acercaba el fin de semana.</p>
<p>A los jugadores de afuera se los hacía venir ya a mediados de la semana para asegurarse  su presencia, debiendo alojarlos, alimentarlos y cuidarlos para que no “cometieran excesos con la bebida o en salidas nocturnas”.</p>
<p>El domingo amanecía en un silencio total y así transcurría el resto de la mañana, con el temor de  que cualquier mínimo hecho derivara en una situación de violencia.</p>
<p>Llegó un momento en que la Liga de Villaguay dispuso, (también con buen criterio y por cuestiones de seguridad) que los partidos entre Independiente  y Deportivo se jugaran en Villaguay y en una cancha neutral. Ese día, a partir del mediodía el pueblo quedaba desierto. Camiones, autos, taxis, no daban abasto para trasladar la gente a la cancha para ver el partido. Los pocos que se quedaban tenían la oportunidad de enterarse sobre el desarrollo del encuentro a través de la central  telefónica en donde Federica  Segal, a cargo de la oficina, solía conectarse con la central de Villaguay y ahí algún colega suyo, hablar por teléfono a la cancha y luego pasar el resultado parcial a Domínguez.</p>
<p>Finalmente, al caer la tarde, la explosión de un lado y el silencio del otro. Adelantado el resultado por la vía telefónica, abría la sede del equipo ganador y empezaba a atronar con música y palabras de festejo, mientras a una cuadra, la otra sede quedaba envuelta en el mas absoluto silencio.</p>
<p>El festejo alcanzaba su punto culminante cuando llegaba el camión que transportaba a los jugadores seguido por la caravana de simpatizantes que daba varias vueltas al pueblo cantando y gritando.</p>
<p>Esa noche había gran reunión con cena, música y baile en la sede ganadora, mientras el club rival quedaba sumido en la tristeza y la oscuridad.</p>
<p>Pasó el tiempo, llegaron los cambios generacionales lógicos, las diferencias se fueron limando, la gente joven empezó a trabajar con un criterio mas amplio y, lentamente, se fueron superando las diferencias , los rencores y empezó un acercamiento. Además, las cajas de los clubes estaban exhaustas por los gastos que demandaba el mantener  los equipos y ya los aportantes  principales se habían alejado.</p>
<p>Años después se logro la fusión y renació nuevamente el club único con el nombre de Libertad que, por suerte, hizo desaparecer toda esa lucha inútil que separo tanto tiempo a la población. Ojalá ese criterio de seguir todos unidos dure para siempre.</p></div>
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		<title>La columna de Manuel: Bolseros y estibadores</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Oct 2013 21:18:14 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper">por el <strong>Dr. Manuel Langsam</strong> (publicado en edición del 20/10/2013 de El Diario del Domingo)</p>
<p><a href="http://i0.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/10/Acarreo-de-bolsas.jpg"><img class="alignright size-large wp-image-1997" alt="Acarreo de bolsas" src="http://i0.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/10/Acarreo-de-bolsas.jpg?resize=384%2C350" data-recalc-dims="1" /></a>Pio Andino, Blanco Quiroz y Rito González eran ¡os estibadores. Y Pancho (ElTarta) Raido, Andrés Torres, Eusebio Rodríguez, Félix (el Negro) Biondi, Antonio (el Loro) Sandoval, Beto (el Grillo) Romero &#8220;El Condenado&#8221; Narbais, Santos (la Vaca) Barreto, Amin (Turco Chico) Ornar, Requinque Quiroga, Teco Godoy, Teodoro Medina eran &#8220;los Bolseros&#8221;.</p>
<p>Todos ellos trabajaban para el Elevador Oficial o la Cooperativa Fondo Comunal en la recepción y acopio de cosechas de granos. No existían las cosechadoras actuales, ni las tolvas, ni los chimangos y los silos-bolsa.</p>
<p>Toda la recolección se hacía con cosechadoras muy rudimentarias tiradas por caballos o, en el mejor de los casos, por un desvencijado tractor, y todos los granos iban a parar a bolsas de unos 60 kgs de peso.</p>
<p>Esas bolsas llegaban en los carros rusos en los que entraban 22 por viaje o en los carros playeros que cargaban unas 40. No se usaban camiones de carga (o muy pocos), ya que no había caminos en las colonias por los que pudieran circular.</p>
<p>Esos carros llegaban a los lugares de acopio que eran el Elevador Oficial o el galpón de Fondo Comunal, el mismo que hoy en día es parte integrante del Museo de Domínguez, en donde se hacían las estibas, cuadrados de unos 10 por 10 o 12 por 12 metros de base y una altura de 5 a 6 metros. ¡Qué arte para estibar! Había que trabar las bolsas para que la estiba no se derrumbara y al mismo tiempo dejar una especie de escalera con las mismas bolsas para poder alcanzarlas a medida que la estiba se iba elevando. Ninguna bolsa asomaba ni un centímetro fuera del cuadrado.</p>
<p>Ese era el trabajo de &#8220;los estibadores&#8221; que iban recibiendo las bolsas de &#8220;los bolseros&#8221; . Todo hecho a pulso, en diciembre o enero y en un galpón de techo de chapas. Lo más parecido a un horno por la temperatura que ahí reinaba&#8230;</p>
<p>Los bolseros recibían la carga de los carros a nivel de la calle y tenían que ascender por una planchada de unos 30cmts de ancho, en un desnivel ascendente de casi un metro, con una bolsa de 60 kgs al hombro que dejaban en la balanza. Una vez pesadas, cargarlas nuevamente y alcanzarlas al estibador que podía estar a 4, 5 o 6 metros de altura. Y ese trabajo durante 8 horas diarias con una temperatura de 35 o más grados. ¿De qué fibra estaban hechos? .</p>
<p>Los más prácticos hacían oscilar la planchada al pisarla y el vaivén los ayudaba a impulsarse hacia arriba. Pero había que andar en una tabla ascendente de 30 cmts de ancho y cargado con una bolsa de 60 kilos al hombro!!</p>
<p>¡Qué hombres guapos!  Y trabajaban con alegría en una ocupación que lentamente los iba desgastando y del que debían retirarse a temprana edad y muchas veces enfermos, ¿Qué era de sus vidas en ese momento? ¿O qué les paso cuando fueron suplantados por la tecnología moderna que prescindió de ellos?&#8230; No lo sé.</p>
<p>Pero se merecen un recuerdo por una vida tan laboriosa y sacrificada. Mi homenaje hacia ellos.</p></div>
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		<title>La columna de Manuel: Una decisión difícil</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Oct 2013 14:06:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por el Dr. Manuel Langsam (Publicado en la edición del 13 de octubre de 2013 de El Diario del Domingo) Créanme. El hecho que voy a relatar, realmente sucedió. Pero[...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper">Por el Dr. <strong>Manuel Langsam</strong> (Publicado en la edición del 13 de octubre de 2013 de El Diario del Domingo)</p>
<p><a href="http://i2.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/10/30563-620-282.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-1869" alt="30563-620-282" src="http://i2.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/10/30563-620-282.jpg?resize=327%2C282" data-recalc-dims="1" /></a>Créanme. El hecho que voy a relatar, realmente sucedió. Pero debo confesar que daré la menor cantidad de datos sobre época y personas involucradas, para salvar identidades. La misma característica de lo relatado hará comprender mis razones.</p>
<p>El Hospital Clara, perteneciente a la Sociedad Sanitaria Israelita, en Domínguez, era el  centro de salud de referencia de toda la Colonia Clara. Ya venía con un gran prestigio desde la época del Dr. Yarcho y luego lo fue manteniendo por el buen nivel de los profesionales que le fueron sucediendo. Contaba con dos médicos permanentes, dentista, partera, suficientes enfermeros, un administrador y personal administrativo, cocinera, sector de internación y personal de limpieza. También pertenecía  a la Sociedad la farmacia y, si era necesario, se traían especialistas para consulta clínica o cirujanos. La sala de espera estaba siempre llena y todo el perímetro del hospital quedaba rodeado de sulkys y carros.</p>
<p>Era gobernado por una comisión directiva elegida por los socios y conformada por los mismos inmigrantes que se preocuparon siempre por la salud, educación y cultura del pueblo pero regidos por sus conceptos religiosos que traían arraigados desde sus lugares de origen. Estos eran muy distintos, ya que podían ser tan tradicionales como los de la Rusia zarista, Polonia o Lituania, o mas liberales como los provenientes de Francia, Alemania o Austria. Cada uno con su idioma de origen, pero el idioma común era el idish y con el se entendían.</p>
<p>Ahora lo anecdótico.  Empezó a rumorearse en el pueblo que existía una relación secreta entre el dentista y una de las empleadas administrativas. El casado, ella soltera, pueblo chico, todos conocidos, el rumor fue creciendo y llego a oídos de la Comisión Directiva del hospital.  Sus miembros se reunieron para tratar el tema y resolver si había que hacer caso de los rumores y despedir de inmediato a los involucrados, o no dejarse llevar por habladurías no probadas y que las cosas quedaran como estaban.</p>
<p>Las discusiones fueron duras ya que chocaban una cultura religiosa tradicional, con otra de personas mas liberales, ya segunda generación de inmigrantes con pensamientos mas avanzados y no tan tradicionalistas. Como no había forma de ponerse de acuerdo, resolvieron recurrir a una votación entre ellos y acatar la opinión que fuera mayoritaria. Pero, hete aquí, que la votación resulto empatada. Entonces decidieron que el voto del presidente valiera el doble y aceptar que este decidiera.</p>
<p>El presidente, que era un viejito religioso, muy culto, sin ningún tipo de prejuicios ni malos pensamientos, pero bastante inocente en cuanto a las cosas mundanas, pensó, pensó y dio su veredicto: no había que tomar ninguna medida punitiva, ya que los rumores podían no ser ciertos.</p>
<p>Ante la perplejidad de los demás miembros, que no entendían como había llegado a tan segura conclusión, fundamentó su veredicto diciendo: ¡¡¡Como puede ser cierto lo que dicen, si todos sabemos que en el consultorio del dentista no hay cama!!!</p></div>
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