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	<title>Noticias Villaguay &#187; Sola y en bicicleta | Noticias Villaguay</title>
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		<title>Sola y en bicicleta: &#8220;Como perras y gatas&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Dec 2013 11:26:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Noticias Villaguay]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper"><a href="http://i0.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/12/Gato-cuello-lengua-juguetón-485x728.jpg"><img class="alignright size-large wp-image-2588" style="margin: 11px 15px;" alt="Gato-cuello-lengua-juguetón-485x728" src="http://i0.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/12/Gato-cuello-lengua-juguetón-485x728.jpg?resize=622%2C322" data-recalc-dims="1" /></a></p>
<p><em><strong>(Por Ana Malena)</strong></em> &#8211; Desde que vivo sola, tengo a Gatilda que me acompaña. Es una gata rechoncha y caprichosa que (como todos los de su especie) hace lo que quiere. Y tanto hace lo que quiere, que ejerce cotidianamente de perro. Básicamente desde que nos conocimos, ha demostrado tener aptitudes perrunas: sale a recibirme a la puerta, dando ágiles  saltos a mis pasos y contorneándose panza arriba en el suelo, esperando que la acaricie. Cuando almuerzo, adopta esa actitud pedigüeña de los perros que esperan lastimosamente la caída de una migaja que les haga probar un poco de ese manjar humano. Mi gata no es elegante: suele reposar patas arriba, mostrando toda su “<i>femineidad</i>” al público presente, durmiendo con la boca abierta y despatarrada. Ella se entrega al placer de existir con tanta facilidad, que da envidia. Tampoco es coqueta o distante como otros gatos. Es un bicho mimoso, dependiente, juguetón. Es una perra encerrada en cuerpo felino.</p>
<p>Hace poco llegó a mi hogar Lola, una cachorra negra y tiernita, que fue abandonada en la calle. Aunque reconozco que no tengo experiencia en el tema y carezco de todo sentido común como dueña de mascotas, la situación me superó. Me resulta inconcebible la situación de abandono, y más con un bicho tan simpático y querible como este. Desde que la vi, no la dejé ir. Y así fue que la traje a vivir a casa. Desde entonces, me paso las tardes mirando a mis mascotas, observando sus actitudes, sus reacciones, sus formas de ser. Es genial verlas relacionarse desde sus diferencias y recelos. Mientras Lola, la perrita, busca relacionarse y jugar todo el tiempo con la gata, Gatilda la observa distante y la deja hacer, pero con desconfianza. Hasta que se harta y le tira un arañazo. Pero lo más curioso se dio hace un par de días, cuando empecé a observar a la cachorra. ¡Ahora parece que ella quiere ser gato!De tanto insistir con relacionarse con Gatilda, se esta mimetizando. De pronto, con ese cuerpo regordete y petacón intenta saltar todos los muebles hacia arriba y hacia abajo; juega fervorosamente con un ovillo de lana, come la comida de gatos, y el otro día la descubrí haciendo pis en las piedritas sanitarias (o sea, usando el baño felino).</p>
<p>Observando a estas dos hembras, confundidas en sus roles, trastocadas en su naturaleza, luchando por encontrarse en el nuevo hogar, se me ocurre que,después de todo, no son muy diferentes a las hembras humanas. En general, las mujeres queremos ser<i> otra</i>. Desde el momento en que tomamos conciencia del mundo exterior, en el punto exacto en que percibimos que, además de mamá, existen otras mujeres tan bellas y atractivas como nosotras, comienza el desafío. Miramos a las demás mujeres como si viviéramos en un gran espejo invisible. Todas y cada una de las damas que nos rodean van moldeando un formato de mujer a la cual aspiramos. Pero por sobre todas las cosas, esas otras mujeres siempre tendrán aquello que nosotras deseamos. Las que tenemos rulos, queremos tener el pelo lacio. Las que de caderas prominentes quieren ser delgadas, las tetonas esconden sus escotes detrás de la vergüenza, las rubias oscurecen sus cabellos, las morochas los aclaran, la que tiene ojos rasgados se maquilla agrandándolos y la de ojos grandes se delinea para que parezcan más sutiles.</p>
<p>Esta actitud inconformista ante el mundo, también se reproduce en otros aspectos de la vida de las mujeres. En el caso de las mujeres que están solas, anhelan encontrar al amor de sus vidas, formar una familia y llenarse de hijitos. Ven desde lejos las parejas que visitan juntas el supermercado, que hacen las compras y se divierten con sus críos; envidian ese carrito lleno de porquerías que rebalsa hasta casi explotar y parece hacer alarde frente a la modesta canastita que acarrea la soltera, con 5 productos light, papel higiénico, chocolates y un vino. Sin embargo, si llegan a lograrlo, si efectivamente encuentran un compañero que no sólo es un bombonazo maduro(que hasta tiene un posgrado) sino que además es dulce y buen padre, la nueva mujer-madre añorará desde la ventana de su cocina la vida de la vecina de enfrente: soltera, treintañera, que sale todos los fines de semana y conoce mucha gente, que baila hasta el amanecer y a quien ella ve regresar con un amigo diferente cada madrugada mientras cambia pañales una vez más. Cada una desde su vereda, esconderá un deseo irrefrenable de llevar la vida de la otra, aunque sea por un rato.</p>
<p>Esta célula inconformista suele ser un arma de doble filo. Por un lado nos posiciona en un lugar bastante oscuro, donde el deseo de ser otra puede transformarse en un aspecto bastante odioso, ya que siempre estaremos dispuestas a buscar en la otra aquello que no tenemos y convertirnos en seres despreciables. Si dejamos que el motor de nuestros actos termina siendo la envidia, estamos fritas. Por suerte, en la mayoría de los casos, esta tendencia es sólo eso, una simple tendencia. Nos aferramos a la idea de no tener lo que deseamos, porque es en esa búsqueda donde encontramos el sentido a la existencia. Si por casualidad (y por fortuna) logramos mantenernos al margen de la envidia, este inconformismo simplemente se convertirá en el combustible ideal para seguir caminando en esa búsqueda, ese impulso que nos lleva a descubrir las mil y una facetas que pueden aparecer en una sola mujer, nos hace renacer una y otra vez.</p>
<p>Es entonces cuando agradezco haber nacido hembra. Porque siento que es la naturaleza la que nos habilita estos renaceres, nos da las armas para reconstruirnos y volver a ser siempre una misma.</p></div>
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		<title>Sola y en bicicleta: &#8220;Toda magia&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Nov 2013 23:52:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Noticias Villaguay]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opiniones]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Malena]]></category>
		<category><![CDATA[magia]]></category>
		<category><![CDATA[Planicie]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper"><strong><a href="http://i2.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/11/1382129_10202023334203339_2094067578_n.jpg"><img class="alignright size-large wp-image-2317" alt="1382129_10202023334203339_2094067578_n" src="http://i2.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/11/1382129_10202023334203339_2094067578_n.jpg?resize=466%2C350" data-recalc-dims="1" /></a>Por Ana Malena.</strong></p>
<p>Hay noches en que el tiempo se detiene, otras en que el tiempo vuela. Hay noches llenas de magia en las que el tiempo se transforma, tejiendo una especie de red invisible, un espacio-tiempo paralelo donde todo puede suceder.</p>
<p>El sábado pasado fue una de esas noches. A través de la música, todo fue magia. Sucedió en un bar de nuestra ciudad, donde eventualmente tocan grupos de música. Hacía tiempo que muchos estábamos esperando esa noche del gran debut que le jugaría una trampa al tiempo. De pronto, en un sábado de 2013, todo retrocedió mágicamente 20 años. En ese salón de la peña, esos cuerpos que acusan historias y verdades, volvieron a ser adolescentes vibrando al ritmo del rock.</p>
<p>La cuestión fue así: un banda llamada “Planicie” debutó en la ciudad. Hasta aquí, no hay nada demasiado novedoso. Pero resulta que dos de estos tres pibes fueron parte de la historia de los jóvenes de los noventa de Villaguay. Diego y “el Mono” eran parte de los chicos conocidos, buenazos, simpaticones que cursaban en la escuela Técnica, y que por esas tradiciones silenciosas (que vaya a saber adónde tiene su génesis) las mujeres codiciábamos en secreto (a ellos y a muchos más, claro). Esos dos chicos, hoy hombres que superan los 30 años, decidieron cumplir un sueño (tal vez el sueño que muchos de nuestra generación no nos animamos a cumplir). Aunque había varias banditas de música por entonces, no se consagraron músicos en la adolescencia. El momento de rockearla llegó ya con la ¿madurez?. En fin, se animaron y lo hicieron. No sólo armaron su banda sino que, después de muchas idas y vueltas, debutaron en la ciudad natal.</p>
<p>La noche vibraba extraña, hacía ya un par de años que estaba planeada ese recital y por fin había llegado el momento. El bar estaba lleno de gente, pero no era cualquier gente. Allí estaban todos aquellos jóvenes de los noventa, que alguna vez cruzaron sus destinos en tantas noches de libertad. Caras familiares, con nombres desconocidos. Pero la referencia era concreta: todos alguna vez nos habíamos encontrado divirtiéndonos como espíritus adolescentes. Y esa noche, gracias a Diego y el Mono estábamos de nuevo, bajo el mismo techo y con la misma energía vibrante. Por un momento, mire alrededor y sentí que si cerraba los ojos y los abría de nuevo, podríamos teletransportarnos a “Lola” y volver al ´94, reeditando mágicamente un pasado alternativo. Por aquel entonces no existía la banda, pero estábamos todos los que podríamos haber estado si hubiera existido.</p>
<p>Había nervios, tensiones, sonrisas expectantes. Esa sensación de que algo emocionante está por suceder, ese temor de que algo no salga como estaba previsto o de que los chicos no sonaran tan bien como imaginábamos. Sin embargo, desde que comenzaron a pulsar los primeros acordes de “Planicie” todo cobró sentido. El público empezó a entusiasmarse y corear las versiones de Divididos, Las Pelotas o Héroes del Silencio, con la misma emoción de antaño. Mi mesa estaba compuesta por una decena de mujeres hermosas y maduras (madres en casi todos los casos) que coreaban desde el fondo, como groupies fieles y enardecidas que seguían a sus ídolos. También hubo gritos de aliento, amigos fieles que apoyaban a sus hermanos de la vida y eran felices con ese presente. Hubo dedicatorias especiales que demostraron que el tiempo sí ha pasado, que la vida nos ha golpeado pero que igual, todos, a nuestra propia manera, nos hemos ido reconstruyendo.</p>
<p>Y en esos instantes de magia, el tiempo se esfumó. Los años dejaron de existir, y el pasado también. Nos sumergimos en una noche sin tiempos en la que sólo se trató de vivir ese presente. De pronto, se liberaron aquellas emociones y con ellas las penas de la adultez. Con la magia de la música nos convertimos en vida, la libertad se sentía en el aire mientras todo fluía. Incluso luego del recital, donde hubo un bis improvisado, las vibraciones se seguían expandiendo en el aire. Era temprano y todos queríamos seguir ahí, sintiendo en el cuerpo esas sensaciones que pocas veces experimentamos. Rodaban los tragos, se exaltaban las miradas, todos y todas queríamos seguir sintiendo esa vibración, que no se apague…</p>
<p>Se abrió el micrófono y de la mano de un karaoke feroz, todos fuimos exorcizando nuestros demonios. Bailando al son de los rockanroles, de las cumbias, de la música que marcó nuestra adolescencia. Gritándola desafinadamente pero con toda la alegría de sabernos vivos y felices, aunque sea por ese sólo instante. Chicas y chicos se apoderaron del escenario, coreando ferozmente canciones de ayer, gritándole al destino que nada está perdido. No hubo nadie que se quede sentado, no hubo ni una sola persona que quiera irse. En esa noche sin tiempo todo cobró sentido: los dolores de ayer, las alegrías de hoy. Aquella noche todos volvimos borrachos de cerveza y alegría, celebrando nuestro presente, sintiéndonos simplemente felices.</p>
<p>Pasaron algunos días de ese sábado atemporal y sigo pensando adonde está el secreto. Cada vez que me preguntan mi edad, siento que tengo algunos años menos, y aunque ya puedo contar anécdotas que sucedieron hace 15 o 20 años, sigo percibiendo la misma energía de entonces. Pero soy consciente que no a todos les pasa. Sé que, ustedes queridos lectores deben pensar que estoy loca hablando de “vejez” a los 30 y pico. Pero conozco muchos treintiañeros que son viejos o que se sienten derrotados. Porque la vida nos ha golpeado a varios, algunos más fuertes que a otros. Y ser adulto duele. Pero también se siente fantástico. Sobre todo cuando en una noche cualquiera dos pibes de 34 se animan a vivir su sueño. Sin miedo ni prejuicios, se suben a un escenario a concretar su deseo, a ser rockeros por un día y a contagiarnos a todos esa energía. Porque con ese simple hecho pudimos sentir que todo es posible. No importa cuántos calendarios tengas encima, no importa qué tanto hayas vivido o dejado de vivir, siempre hay un momento para empezar. En esa noche de rock and roll, todos sentimos que, aunque la realidad a veces apesta, es posible recrearse en un sueño sin tiempo. Por eso hoy esta columna va dedicada a ustedes queridos amigos. Y a todos los que todavía seguimos soñando presentes ¡A su salud… Y gracias totales!</p></div>
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		<title>Sola y en bicicleta / Mujeres de fuego, mujeres de nieve</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Oct 2013 21:14:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Noticias Villaguay]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper"><b>Por Ana Malena (Publicado en edición del 20/10/2013 de El Diario del Domingo)</b></p>
<p><a href="http://i1.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/10/imagenblob.jpg"><img class="alignright size-large wp-image-1999" alt="imagenblob" src="http://i1.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/10/imagenblob.jpg?resize=435%2C350" data-recalc-dims="1" /></a>Recuerdo tardes de berrinches y peleas, discusiones sin fin donde mi hermana Victoria no paraba de responder improperios a mis padres, hasta ligar algún castigo. De fondo, la voz de mi abuelo anunciaba “Ya llegó la tía Elba”.</p>
<p>La Elba fue siempre una mujerota de esas que destilan energía, rapidez, agilidad. Con una risa enorme, que le abarcaba todo el cuerpo. En una gran familia de muchas mujeres, ella se destacó por ser la rebelde, la que usaba la palabra sin miedo, la que se empeñaba en discutir hasta el hartazgo de todos (menos el suyo), la que ligaba todos los castigos. Según cuenta la leyenda familiar, no podía cerrar la boca. Su temperamento era más fuerte que cualquier sanción posterior: sea como sea, Elba tenía la última palabra, aunque fuera en un murmullo incansable desde el rincón donde arrodillaba sus piernitas de niña en el maíz y cumplía con la pena. Ni siquiera ahí se silenciaba, siempre conseguía la última palabra.</p>
<p>Durante toda mi vida escuché los ecos de mi tía resonando en la casa. Al parecer, mi hermana había heredado extrañamente su belicosa capacidad argumentativa y la demostraba en cada pequeña discusión familiar. Yo, por mi parte (siempre más tonta ante los conflictos) solía observar las peleas desde un costado, con una mezcla de admiración e incomprensión. Admiración por la tenacidad con que sostenían los argumentos hasta las últimas consecuencias, incomprensión… por lo mismo. Nunca entendí cómo podían llevar al extremo de lo ridículo algunas peleas y sobre todo, terminar siendo carne de cañón para los castigos.</p>
<p>Pero fue la tenacidad de Elba la que conformó su esencia y la que la sostuvo durante toda su vida. Porque, como a veces sucede, el destino se empeñó en ponerle obstáculo tras obstáculo (obstáculos que ella superó a fuerza de amor, tozudez y muchas risas). Desde pequeña trabajo en su casa para ayudar a la familia, porque no tuvo posibilidades de estudiar. Cuenta la historia familiar que durante las “épocas de Perón” no trabajó “porque no quiso afiliarse nunca al partido”. No sólo eso, sino que, en cuanto encontraba una ocasión para atacar al general públicamente, lo hacía sin pelos en la lengua y dejando bien en claro a todos los vientos quién era y de qué lado estaba. Nunca le importó la premura que sus padres quisieran imponerle o incluso el temor de represalias reales, ella siguió firme con sus convicciones y con su propio deseo.</p>
<p>Otra de las características más especiales de Elba fue la entrega: no importa a quién, ni cuánto tiempo, ni la energía que tuviera que poner; ella siempre (siempre, siempre) estuvo dispuesta a acompañar a otras mujeres, a ser su sostén, a ser su respaldo. Estuvo con sus hermanas cuando parieron uno y otro hijo, dedicándole meses enteros de su vida para convertirse en el soporte logístico y emocional de otras mujeres que la necesitaban. Crió gurises ajenos y propios, sostuvo el hogar de muchas otras mujeres en tiempos de enfermedades o angustias, compartió su escasa comida con otras familias en épocas de vacas flacas, guardó duelos y devolvió abrazos con sonrisas.</p>
<p>La Elba era timbera, caprichosa, gritona, era mentirosa, extremista y fumaba a dos manos. Como uno de esos personajes exagerados de las películas de Almodóvar, andaba por la vida haciendo lo que se le antojaba, siempre encontrando una excusa para todo. Pasamos noches enteras de juegos de canasta, fumando sin parar y hablando con su voz roncona, riéndose a carcajadas y recordando viejas épocas familiares con nostalgia. Mientras fui una niña, la tía me parecía ruidosa y divertida, pero siempre la miraba a través del cristal que la familia le había puesto “la caprichosa que siempre quiere tener razón”.</p>
<p>Afortunadamente, cuando ya fui una mujer, pude conocer su costado más fuerte y admirable. Durante un verano en que fui a verla (sin presencia de mi madre) compartí recetas de cocina, mezcladas con historias familiares ocultas. De aquellas que nunca jamás pensaba escuchar, aquellas que derribaban todos los mitos que fueron alimentados durante años. Aquellas, llenas de misterios, los secretos a voces que nadie quería oír pero que ella estaba dispuesta a liberarlos. Mi tía Elba me los habilitó y rompió el cerco, con su palabra le dio vida a la historia y sostuvo con una postura propia sus dichos. No es fácil romper esquemas, no es fácil ser rebelde. Durante esas mañanas que pasamos encerradas en la cocina, picando cebolla y soltando lágrimas con risas, entendí que yo también había heredado parte de su legado. Unidas por el dolor y el humor, supe que esa fuerza femenina (que apareció cuando menos lo esperé, y sigue apareciendo cuando la necesito) venía de ella, de esa inmensa terquedad con la que se enfrentó a la vida.</p>
<p>Las mujeres que nos rodean nos han enseñado a ser mujeres. Desde la palabra sutil de lo cotidiano, desde los silencios callados por todos los tiempos, desde las miradas que acompañan el camino. Las mujeres que nos rodean son nuestros espejos, aquellos reflejos que se hacen carne.</p>
<p>Ésta mujer dejó mucho más que una gran familia llena de amor. Como tantas otras mujeres que transitan por este universo, dejó su brillo y su energía dando vueltas. Pero sobre todo, dejó esa fuerza vital que la hace invencible y eterna, resonando en los cuerpos que sintieron su vibración. Como tantas otras mujeres, como tantas otras luchadoras, que ponen el cuerpo y sostienen con sus tetas y sus abrazos tantas otras vidas. Para todas ella, y sobre todo para mi tía Elba, van estas líneas que sólo intentan agradecer y homenajear tanta fuerza. ¡Salud mujeres!</p></div>
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		<title>Sola y en bicicleta &#8211; Huelga de amores</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Oct 2013 13:59:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Noticias Villaguay]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Opiniones]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Malena]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Ana Malena (Publicado en edición del 13 de octubre de 2013 en El Diario del Domingo) Mi soledad les molesta más a los demás que a mí. En verdad,[...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper">Por <strong><em>Ana Malena</em></strong> (Publicado en edición del 13 de octubre de 2013 en El Diario del Domingo)</p>
<p>Mi soledad les molesta más a los demás que a mí. En verdad, no sé si la palabra es “molestar”, más bien diría que el resto del planeta esta empecinado en que yo no siga estando sola. A pesar de que mi soltería está recién estrenada, la mayoría de quienes me rodean se preocupan por conseguirme todo tipo de hombres dispuestos a subirse a la pasarela de mi elección privada de futuro novio. A fuerza de comentarios (a veces sutiles, a veces explícitos) mis amigos y familiares me proponen una serie de potenciales amores, como si fuera posible que yo eligiera entre alguno de ellos y, mágicamente, se convirtiera en el príncipe azul de mis cuentos.</p>
<p>¨tengo un amigo de mi novio que es ideal para vos… te juro que lo veo, y ya los imagino juntos¨,  ¨Ana, te voy a presentar a Ruben, es un muchacho tan bueno, tan trabajador… y está solo, igual que vos¨, ¨el otro dia vino al local un jovencito que parecìa tan interesante… yo enseguida le pedi que me deje el número de teléfono, aca lo tenés …le dije que mi sobrina era hermosa y que estaba soltera, asi que te va a agregar al Facebook, sabés…¨</p>
<p>Ante estas situaciones, generalmente tengo sentimientos encontrados. En principio me genera un rechazo profundo cualquier intento de ¨enganche¨ por parte de mis conocidos, me violenta sobremanera esa extrema necesidad de ¨ubicarme¨ con cualquier masculino que se presenta un poco libre. De pronto, me siento un producto de cosméticos de venta por librito, un objeto en exposiciòn en una vitrina que debe ser vendido al mejor postor. Como si fuera poco pareciera que cuanto más tiempo pasa, menos chances tengo de seleccionar a mi posible comprador. Para todos mis allegados, si alguien tiene más de 21, es hombre y no tiene compromisos, puede convertirse en el hombre de mi vida. No importa si a mi me gusta o no, no importa si tenemos feeling o si hay onda, no importa si es alguien interesante o no. Simplemente puede ser mi novio y punto. Como diría mi padre… ¨ya es tarde, y el pescado sin vender¨.</p>
<p>Por otra parte me sucede que, superando el primer rechazo extremo ante la posicion casamentera del resto de los mortales, en algunos casos (la mayoría) empiezo a evaluar la situación en silencio. Busco los nombres de los candidatos en el FB para ver cómo son, y si los conozco personalmente, empiezo a mirarlos con otros ojos. No son ojos libidinosos, ni mucho menos. Son ojos atentos, que se pasan observando situaciones reales y posibles, situaciones que pueden darme alguna señal de ¨ser el elegido¨, alguna visión que prevea un futuro compartido. Por ejemplo me encuentro en reuniones de amigos, compartiendo un vino con uno de los ¨potenciales¨y no puedo dejar de mirarlo pensar si es posible que ése muchacho de cachetes regordetes pueda convertirse en mi enamorado. Aunque no me atrae fisicamente ni me convence su conversación, trato de hacer el esfuercito para ponerle onda. Recuerdo la frase de mi sicóloga que me repite una y otra vez ¨sería importante que puedas salir del molde, pensar en otro estereotipo de hombre para vos, Ana¨. Ok, ya lo sé. Ya sé que el perfil bohemio, demasiado inteligente, artista y creativo,en el fondo es un problema. Ya sé que puedo enamorarme de ¨gente normal¨. Debo intentarlo, simplemente es cuestión de proponermelo. Si tal vez los miro con cariño, la magia suceda.Mientras intento una y otra vez que algo me enamore de ese flaco, la chispa no aparece. No existe ni una pisca de su ser que me entusiasme, simplemente nada me atrae.</p>
<p>En otros casos, la situación es diferente (y por suerte un poco más alentadora). Tengo una pareja de amigos que me ha presentado un muchacho que puede llegar a calificar como un potencial amor. Es casi de mi edad, tiene trabajo, es interesante y bonito. Tiene una voz fantástica y una sonrisa muy bonita, de esas que sonrien con la mirada. Califica, si señores. Pero como suele suceder en estas ocasiones, me convierto en un potus. En lugar de sacar los mejores aspectos de mi personalidad, mostrarme segura y confiada, exponer mis costados más interesantes, me pongo abombada, literalmente. Es como si hiciera una regresión a mis peores momentos de la adolescencia, donde me sentía regordeta y feucha, donde cada vez que abría la boca decía una pavada. Así, exactamente, me siento cuando me encuentro con alguien que podría convertirse en un futuro amor. Entonces, el cuadro se vuelve un tanto bizarro. Yo, que generalmente me caracterizo por mi charla interesante y sostenida, me paso contestando con monosílabos, mirando el piso, levantando la cabeza solo para responder algunas cosas que me preguntan específicamente, sonrojandome ante alguna pregunta del muchacho en cuestión. Me vuelvo torpe, indecisa, atontada. Y lo peor es que soy totalmente conciente de lo que me sucede, pero no puedo evitarlo.</p>
<p>En estos momentos, pienso que seria mejor volver el tiempo atrás. Retroceder a las viejas épocas donde los matrimonios eran arreglados. Aunque derribe absolutamente mis convicciones feministas, fantaseo con la idea de que era más facil aquella realidad. No habia que preocuparse por gustarle a nadie, por agradarle a otro, por seducir o conquistar. Las decisiones las tomaba otro y asi se resolvia el futuro de la gente. No se solucionaría mi soledad, pero por lo menos, la mirada de los otros no estaría tan preocupada por verme acompañada.</p>
<p>Por lo pronto me declaro incompetente emocional y afectiva, y en estas lineas aseguro que me resistiré a todo tipo de influencia externa sobre mi estado solitario. Harta de tanta influencia externa, aquí en más estoy de huelga de amores. Salud!</p></div>
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