A cinco kilómetros del casco céntrico de San Ignacio, y a unos 400 metros del Río Paraná, en medio del monte, viven desde hace 18 años Aída Giménez (66) y Carlos Leyrias (70), un matrimonio que eligió construir su mundo lejos del ruido de Buenos Aires. La
La hisotria, que publica hoy el diario El Territorio, se inició hace tiempo. A los 13 años Aída conoció ese sitio de selva y río y quedó maravillada, tanto que siempre deseó volver. Fue así que de grande, cuando se jubilaron, con Carlos quisieron buscar un lugar tranquilo para pasar el resto de sus vidas. Y las opciones eran dos: la Patagonia o Misiones, tierra natal de Aída y a la que añoraba regresar.
Así fue como lograron conseguir tierras en San Ignacio, construyeron su casa y un taller donde Carlos dibuja y talla esculturas en madera y piedra.
«El Territorio» llegó hasta la casa de la pareja, a la que se ingresa por un camino entre tupidos árboles. Nadie imagina que entre la vegetación hay un mundo de dos artistas y defensores de la naturaleza. Carlos es artista plástico y ella escritora, con tres libros editados y un cuarto en proceso de escritura.
“Acá siento paz, tengo la posibilidad de seguir desarrollándome a nivel intelectual, porque leo mucho, escribo, hago mis manuscritos en cualquier momento”, señaló Aída.
El imán del monte
Por otra parte, la mujer indicó que San Ignacio los atrajo como un imán atrae a los metales. “La idea de venir a Misiones fue por varios motivos, uno de ellos fue porque nos enamoramos de este lugar. Y yo soy una convencida de que nosotros no elegimos los lugares donde vivir, ellos nos eligen a nosotros, de otra manera no se explica cómo se puede llegar a un sitio como este y amarlo tanto estando sin más que la televisión, donde no hay internet ni señal de celulares, pero eso no nos molesta, porque ocupamos nuestro tiempo en nutrirnos con la lectura y en las artesanías”, relató mientras mostraba la vivienda.
“Para nosotros la naturaleza es inspiradora y saludable”, reflexionó.
También insistió en que el escritor uruguayo, Horacio Quiroga, que desarrolló la parte más prolífica de su obra en esa zona de Misiones fue vital a la hora de decidir vivir en el rojo terruño.
“Quiroga es para mi un ídolo, es mi inspirador. Desde muy pequeña mi padre me contaba cuentos de Quiroga y así lo fuimos conociendo. Él es como mi mentor y yo lo siento en estos lugares, él estuvo por acá y a veces cierro los ojos y pareciera que lo veo en estos lugares, sin dudas fue y será siempre para mí un ser admirable”, analizó.
Por su parte, Carlos contó que viven con un gran número de gatos, que los acompañan en el día a día. “Para apreciar esta vida hay que conocer los beneficios de la naturaleza y de hecho no agredirla, duele ver como el hombre mata por matar a los animales, destruye montes enteros”, indicó. En la casa viven con agua de pozo y sin mucha tecnología. “El contacto humano es más fluido y enriquecedor cuando no vivimos dependiendo de ella”, finalizó. (El Territorio)













