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«A fines de septiembre de 2019, dos semanas después de haber finalizado mi misión diplomática en Haití, fui a conocer la ciudad entrerriana de Villaguay. Había sido invitado por un compatriota excepcional, el Suboficial Principal del Ejército Argentino David Garcés, que en 2013, durante seis meses, como Sargento Ayudante, integró el Batallón Argentino la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), con destino en el distrito de Gonaïves, al Norte del país.

Este soldado argentino, sin dejar de cumplir su deber como miembro de una fuerza de paz, dio origen en Thomassique a una iniciativa para llevar educación a niños cuya condición social y educativa, en el país más pobre del hemisferio occidental, resulta difícil de imaginar. Hoy la escuela de Don Diego Villaguay es un proyecto solidario emblemático que enaltece al pueblo de Villaguay, a su gobierno y a la Iglesia Adventista de Entre Ríos.

Haití fue el primer país del mundo que reconoció nuestra independencia, en 1817, cuando el Director Supremo de las Provincias Unidas, Juan Martín de Pueyrredón, envió un agente ante el Presidente haitiano Alexandre Petion. Desde 1947 llevamos setenta y tres años de relaciones diplomáticas ininterrumpidas. Haití fue, además, la primera república negra de la historia. En 1791 había estallado la primera sublevación masiva de esclavos, que derivó en la creación de un estado independiente en 1804, precedente histórico. Haití abolió la esclavitud setenta y cinco años antes que Estados Unidos y más de ochenta años antes que Cuba y Brasil. Como república negra independiente, precedió en más de 160 años a sus hermanas africanas.

Fue ocupado durante diecinueve años por Estados Unidos, de 1915 a 1934. A esas razones y a deficiencias estructurales, a la indiferencia de los poderosos, a la corrupción política, a la vulnerabilidad climática y al terremoto devastador de 2010 debe Haití su precaria condición actual. No cooperar con Haití vacía de contenido la relación bilateral.

El país se rige por una Constitución pluralista, con mandatos acotados, libertades individuales y economía de mercado. Una economía débil y vulnerable, con indicadores negativos y dependiente de la cooperación internacional. Pero libre. El haitiano posee una cultura interesante y carece de un ánimo negativo para con el extranjero blanco.

A fines de 2018, el pastor Herold Charite, de la Iglesia Adventista Haitiana, me visitó en la Embajada para hablarme de la Escuela Don Diego Villaguay, de parte del Suboficial Garcés. Me invitó a conocerla y allí nos fuimos con mi esposa y la escolta de Gendarmería Argentina. Luego de 135 km y tres horas de recorrido por caminos precarios en dos camionetas 4 x 4, nos recibió el intendente municipal de Thomassique, Sr. François Wilma y luego arribamos a la escuela. Garcés comenzó con treinta y cuatro chicos y hoy hay ciento cincuenta. Repartimos caramelos y dejamos comida para varios días. Bajo algunas chapas sostenidas por troncos, con pocos maestros que cobran cuando llegan los escasos aportes de Villaguay, tiene lugar este proyecto solidario, en el que cooperan pastores de la Iglesia Adventista.

La absoluta precariedad observada, aun conociendo rincones de pobreza en nuestro país, es difícil de describir. Falta de todo, comenzando por paneles solares para compensar la escasa energía y todo lo imaginable. Cabe reflexionar en forma urgente sobre la necesidad de multiplicar por varias cifras el modesto aporte que envía Villaguay.

De regreso en la Argentina, a fines de septiembre de 2019, visité la ciudad de Villaguay. Su Intendenta Municipal, Claudia Mojo, reiteró su colaboración y no deja de pensar en cómo alojar a grupos de adolescentes de la escuela de Thomassique para que aprendan oficios útiles. También visité al diario El Pueblo, varias radios, una familia que aporta a la escuelita, un servicio religioso adventista y la familia de David Garcés.

La promesa y las ganas de regresar a Villaguay y visitar la Universidad Adventista del Plata en Puiggari, son auténticas. Días antes de regresar a la Argentina fui invitado a la solemne colación de grados de la Universidad Adventista de Haití, en Puerto Príncipe, donde había egresados de la Universidad del Plata. Subí al estrado y hablé sobre la relación bilateral con Haití y la escuela Don Diego Villaguay. Conté mi visita a Thomassique y expresé mi deseo de que algunos chicos de esa escuelita del interior haitiano recibieran, algún día, una beca para estudiar en Puiggari. ¿Será eso posible? Espero que sí.

Acompaño fotos de mi visita a la escuelita haitiana y a Villaguay con David Garcés.»