Bajo el título, «Crecer a los golpes y soñar con el oro olímpico», el diario La Nación publica hoy una nota de la Agence France Press (AFP) sobre la figura del villaguayense Brian Arregui, quien está compitiendo en los Juegos Olímpicos de la Juventud, en Buenos Aires. La Comisión Municipal de Box difundió la nota (que reproducimos a continuación) y felicitó al representante de la ciudad.
«Brian no oculta que el peor momento lo vivió cuando murió Raúl, su padre, un obrero agrícola de la ciudad de Villaguay, su humilde cuna, ubicada en la frontera norte de la pampa húmeda. No recuerda casi nada de Raúl pero lleva su imagen tatuada en el pecho. Para él, la familia es sagrada. Es el menor de cuatro hermanos. Sus primos lo llevaron por primera vez al gimnasio, a saltar la soga y después a calzarse los guantes. Hacía poco que había fallecido Raúl y él tenía que descargar la tristeza y la furia.
«Yo soy de ir para adelante. Ir al ‘dame que te doy’. No soy un estilista», se define. Es bravo. Pega con el alma al hacer guantes, corre en la cinta y castiga la bolsa. No tuvo más remedio que crecer de golpe y dando golpes a diestra y siniestra. Se entrena duro y, por su temprana madurez, lo nombraron capitán de los ‘Pitbulls’, el joven equipo argentino de boxeo.
Obligados a pelear
El consagrado escritor estadounidense Norman Mailer narraba que el supercampeón de todos los tiempos Mohamed Ali se hizo boxeador para vengarse de quien le robó la bicicleta a los 12 años.
Y Julio Cortázar, una de las glorias de la literatura argentina, admiraba y escribió un cuento sobre el extraordinario Carlos Monzón, quien supo salir de pobre a las piñas hasta retirarse invicto con 14 defensas de su título mundial de los medianos.
«¿Eras un peleador Brian, en la escuela o en la calle?», le preguntan a Brian, pero él dice que no, y agrega: «Yo era un pan de Dios, la primera vez que me peleé fue arriba de un ring». La ternura la muestra cuando habla de su hija Briana, de un año y dos meses, fruto de su relación con Paola, mayor que él y madre antes de otro niño de 4 años.
Tan familiar es la historia de Brian que hasta el entrenador personal es su suegro, Darío ‘Chanchito’ Pérez.
UN CHICO ADULTO
Todo parece demasiado peso para un adolescente que apenas gana 11.000 pesos (275 dólares) de sus dos becas. La mitad del dinero la manda para Villaguay, a 375 km al norte de Buenos Aires. Allí le paga a unos albañiles para construirse una casita, a tres cuadras de donde vive su madre.
«Tiene claro el objetivo, se va a consagrar», analiza su entrenador en los Juegos, Mariano Carrera, excampeón mundial de los medianos de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
Por los Juegos Olímpicos de la Juventud, hace 10 meses ya que Brian y los demás deportistas están concentrados sin tregua en un Centro de Alto Rendimiento. Apenas hizo unos pocos viajes para estar con Briana, Paola y la familia.
Muy delgado pero fibroso, de 69 kilos (un superwelter), tiene más de 200.000 seguidores en Instagram. Muchos son adolescentes como él.
«Es un chico adulto, muy responsable y puede ser campeón olímpico juvenil», opina Carrera. Brian no parece ceder a las tentaciones de su edad. «Estoy tranquilo esperando mi momento, quiero ser profesional, vivir del boxeo y ser campeón del mundo», recita sin dudar.
Este joven se inspira en el único campeón mundial que le queda a la Argentina, otro Brian, Castaño, superwelter de la AMB. Admira también a ‘Canelo’ Álvarez, campeón mundial mediano de la AMB y del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Le gustan los que van al frente, los ‘fajadores’, como dicen al sur del Río Grande.
Para Brian la vida es como el deporte: «El que quiere crecer tiene que aguantar los golpes más duros».














