Tras el asalto, el hombre esperó a la Policía en la entrada del banco y se entregó. Pero el juez le dio lo que para él es la peor de las condenas: estar seis meses encerrado en su casa junto a su esposa.
Más tarde, un agente del FBI contó que Ripple confesó el delito, pero dio una extraña justificación: había discutido con su mujer y no quería volver a su casa, por lo que decidió cometer el robo e ir a prisión.
De hecho, durante el juicio, el hombre le escribió una carta a su esposa Remedios para aclararle: «Prefiero estar en la cárcel que en casa».
Ripple no dudó en declararse culpable, por lo que podría haber sido condenado a pasar 37 meses en una institución penitenciaria.
Sin embargo, su abogado y los fiscales federales pidieron clemencia, por lo que el magistrado decidió una sentencia de seis meses de arresto domiciliario, tres años de libertad vigilada y 50 horas de trabajo comunitario.


