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Villaguay | Entre Ríos | Martes 5 de octubre de 2010 | Compartir en Facebook
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SOCIEDAD. Viajaba para presentarse junto al músico Guillermo Klein
Estados Unidos le negó la visa a la villaguayense Liliana Herrero
La cantante villaguayense Liliana Herrero se quedó con las ganas de participar de la presentación de un nuevo disco del músico de jazz Guillermo Klein en el mítico teatro Village Vanguard, de Nueva York. Es que el Consulado de ese país en la Argentina le negó la visa a la artista por pretender “estafar al pueblo norteamericano”.
“Concurrí al Consulado para resolver, con tiempos mínimos, problemas en el pasaporte que percibí a último momento. Llevé las notas de prensa que daban cuenta de mi participación en el concierto, justificando la urgencia del trámite. El diálogo cortante que escuché del otro lado del vidrio fue increíble y entristecedor”, contó la villaguayense en una carta que difundió en algunos medios.
“Fui acusada por una funcionaria de ‘desconocer las leyes norteamericanas’, de ‘actuar de mala fe ante la embajada’, de «ser una profesional que iba a trabajar’, que debido a eso ‘no podría solicitar otra visa ahora hasta dentro de un año’; en fin, de estafar al pueblo norteamericano”, señaló.
La artista explicó que su deseo de viajar estaba impulsado, entre otras cosas, por la fuerte atracción que le generaba actuar en el Village, “el mismo lugar donde había tocado John Coltrane, para citar sólo uno de los grandes músicos que han pasado por allí”.
Pero sus ganas de subirse al avión se extinguieron cuando “una señora que dictaminaba e interrogaba al igual que viejos funcionarios coloniales frente a nativos iletrados a los que percibía como aprovechadores, se convirtió en una afrenta personal grave, absurda, torpemente arrogante”.
Liliana admitió que, en efecto, “no conocía la minucia de las leyes norteamericanas al respecto, pero después supe que había visas especiales para casos como éste, caso totalmente claro y que explicité desde el comienzo”.
“Reconozco mi ingenuidad y mi idea equivocada sobre este tipo de viajes, que hice a otros países sólo con los normales trámites del caso, a pesar de que el mundo da pruebas a cada paso de la trágica dificultad de las fronteras. Acepto que había leyes norteamericanas que no conocía. Lo que no acepto es recibir en una sede diplomática extranjera un trato con ciertos resabios de instituto disciplinario, si no de penitenciaría”, dijo.
Y concluyó: “Señora consulesa, usted ha protegido a su país de una peligrosísima cantante argentina, un poco ingenua, que en un par de noches iba a dialogar y a cantar en un santuario laico de pasiones musicales compartidas, con músicos norteamericanos y argentinos estimables que, afortunadamente, cuando vienen a la Argentina no sufren las mismas humillaciones que usted ejerció desde atrás de un vidrio duro”.
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