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A fines de 2017 salió a la luz un aberrante caso de maltrato animal ocurrido en la ciudad de Lincoln.  Una yegua tordilla a la que le habían extirpado los ojos fue encontrada atada, sin alimento ni agua a su alcance.

La denuncia pública a través de las redes sociales permitió que fuera rescatada y el inicio de una causa penal para investigar lo sucedido. Pero el principal interrogante pasaba por el futuro del animal, que necesitaba cuidados que allí no le podían proporcionar.

Esta tarea fue asumida por el Centro de Recuperación Equina Nelquihué, fundado en 2014 por la abogada bahiense Alejandra González Laserna, informó el diario La Nueva, de Bahía Blanca.

Casi 2 años después, “Amparada” (el nombre de la yegua no es casual) está repuesta físicamente (se encontraba desnutrida) y adaptada a su nuevo hogar.

“Un colega que había conocido en un encuentro de abogados animalistas en San Juan me llamó y me contó del caso. La yegua no tenía ojos, estaba atada con una soga y sin acceso a comida ni agua. Se encontraba extremadamente delgada”, recordó Alejandra.

“Marqué todo lo que veía del estado del animal, se hizo la denuncia y el fiscal dio el secuestro”, agregó.

La justicia citó a una mediación al dueño del equino, quien no se hizo cargo de la situación.

“Dijo que la había comprado así, cosa que resulta difícil de creer. Mencionó que hacía poco que la tenía y no sabía lo que le había pasado. Poco después la fiscalía y el Juzgado de Garantías decidieron que sea trasladada a nuestro centro”, señaló la letrada.

El abogado linqueño Fernando Topa, quien contactó a González Laserna tras la aparición del animal, informó que el tenedor, de apellido Ríos, fue condenado a 1 año y 8 meses de prisión, ya que a la causa se acumularon otras dos. “Tengo entendido que hace poco recuperó la libertad”, señaló.

Salvaje tratamiento

La abogada bahiense explicó que tomaron conocimiento de casos registrados en la localidad bonaerense de Quilmes, donde personas que tenían carros para recolectar cartones le sacaban los ojos a los caballos para que no teman a los vehículos.

“Sabíamos de esos hechos, pero no de episodios en zona rural. El veterinario que la revisó nos dijo que la extracción no la había realizado un profesional y tampoco era producto de un accidente. Los caballos son torpes y suelen lastimarse con ramas o maderas, pero no tenía otras cicatrices como para avalar que pudiera haber sucedido algo así”.

“Tampoco se pudo saber si actuaron con el animal dormido o lo hicieron en crudo”, siguió diciendo.

Lo que sí se determinó es que “Ampi”, como la llaman, fue utilizada para tirar de un carro.

“Tiene las cicatrices típicas del animal utilizado para esto. Puede haber sido usada para juntar cartones o en una huerta”.

González Laserna afirmó que a la yegua “le costó mucho recuperar la confianza en las personas, ya que al principio era temerosa y se quedaba en el fondo del corral, dándote la parte trasera, como para poder patear si te acercabas”. (Fuente: La Nueva)