Esta tarde de Jueves, el Tribunal Oral Criminal Federal (TOCF) Nº 2 de Rosario condenó a prisión perpetua a seis genocidas por cometer delitos de lesa humanidad. El resto de los acusados recibieron penas de 16 a 22 años de prisión.
Las penas de reclusión perpetua fueron para José Rubén Lofiego, Mario Marcote, Ramón Alcides Ibarra, José Carlos Scoterchini, Ramón Rito Vergara y Ernesto Vallejo.
Asimismo, Eduardo Dougour y Héctor Gianola deberán cumplir 22 años de cárcel. A su vez, condenaron a 18 y 16 años de prisión respectivamente a Eduardo Fermoselle y Lucio César Nast.
En tanto, por el caso de Eduardo Raúl “Mencho” Germano, el Tribunal encontró responsables a José Rubén Lofiego, Mario Marcote y Ramón Alcides Ibarra.
Asimismo, a Lo Fiego y Marcote también se le sumaron los delitos de “violaciones agravadas” en perjuicio de dos detenidas políticas, una de ellas militante y oriunda de Entre Ríos.
La causa fue denominada Feced III y IV y juzgó el accionar de la patota que actuó en el centro clandestino de detención que funcionó en el Servicio de Informaciones de la ciudad de Rosario.
REPARACIÓN HISTÓRICA
Antes de dar a conocer el veredicto, la presidenta del TOCF, Liliana Carnero, leyó un texto consensuado por el Tribunal:
“Estos sucesos, además de configurar la categoría de delitos más severamente penados en el orden jurídico internacional, constituyeron una de las etapas más oscura en la historia de nuestra República, absolutamente descalificables desde el plano moral, ético y humano, contrario a los principios e ideales que inspiran y fundan a toda sociedad civilizada y, lamentablemente, viciaron gran parte del funcionamiento de las instituciones de nuestra sociedad en aquel momento: fuerzas de seguridad, Iglesia, Poder Judicial, medios de comunicación, sindicatos, partidos políticos, etc..
Por lo cual, esta sentencia también debe servir como reparación histórica a las víctimas enumeradas en el veredicto contra quienes encuadraron de forma coordinada casi todas las instituciones en aquella nefasta época de la historia de nuestro país.
Asimismo, estos sucesos trágicos nos imponen una reflexión, una autocrítica como sociedad por haber permitido que se llegase a tal extremo de barbarie e irracionalidad para que en el futuro no se repita esa tragedia.
Esta reconstrucción histórica nos debe servir para recordar a diario que la vida en sociedad jamás puede dejar de ser democrática, plural, inclusiva y tolerante de la divergencia y de la opinión contraria.
A su vez, es necesario instar al Estado por la búsqueda o intentar dilucidar el destino final de las víctimas aún desaparecidas”.


