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	<title>Noticias Villaguay &#187; Manuela Chiesa</title>
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		<title>Viñetas: Jacinto</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Dec 2013 11:32:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[(Por Manuela Chiesa de Mammana) &#8211; Cada vez que parte lejos un tren, en la última esquina, desde el bar de la Polaca, aparece, envuelto en sus pensamientos, Jacinto, el triste del pueblo, cajón de lustrar al hombro. En todos los pueblos hay un triste sobresaliente pero Jacinto repite la rutina de la tristeza día a día. Vive  con su&#160;<a href="/?p=2591" class="read-more">Continue Reading</a>]]></description>
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<p style="text-align: left;" align="center"><a href="http://i1.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/12/tren-guarda.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-2592" style="margin-left: 21px; margin-right: 21px;" alt="tren guarda" src="http://i1.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/12/tren-guarda.jpg?resize=398%2C244" data-recalc-dims="1" /></a><strong><em>(Por Manuela Chiesa de Mammana)</em></strong> &#8211; Cada vez que parte lejos un tren, en la última esquina, desde el bar de la Polaca, aparece, envuelto en sus pensamientos, Jacinto, el triste del pueblo, cajón de lustrar al hombro.</p>
<p>En todos los pueblos hay un triste sobresaliente pero Jacinto repite la rutina de la tristeza día a día. Vive  con su abuela Eulalia en una casilla del ferrocarril. De allí sale a lustrar a la esquina de la iglesia o a la entrada del Banco nuevo.</p>
<p>Es correcto, educado, pero no sonríe. Detrás de esa mirada de niño inexpresable hay como un dolor de lejanía.  Su abuela, que lo quiere como a un hijo, sólo le contó la verdad a medias, sobre su madre. Así y todo está siempre triste.</p>
<p>Según la abuela Eulalia, la madre de Jacinto, Margarita, marchó un día de marzo en el tren de media noche hacia Buenos Aires en busca de Pedro Pablo, el padre de Jacinto.  Dejó al niño pequeño al cuidado de la abuela por unos días. Días que se hicieron meses, años y al final, desesperanza.</p>
<p>Por cada tren que pasa Jacinto ensombrece más la mirada, porque muy en el fondo de su corazón, espera que vuelva la madre, a quien no conoce pero la perdona.</p>
<p>Con el paso del tiempo esa tristeza se ha vuelto fortaleza en Jacinto, que suspira profundo cuando escucha el sonido inconfundible de un tren que se aleja.</p>
<p>Lo  que el chico nunca sabrá es que su mama no se fue en el tren de la media noche a Buenos Aires, sino que se escapó una madrugada con el maquinista de un tren de carga.</p></div>
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		<title>Viñetas: &#8220;Rancho&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Nov 2013 23:15:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por Manuela Chiesa de Mammana El 26 de diciembre de 1823, el Comandante Pedro Barrenechea comunicaba a la Superioridad que juntamente con treinta soldados, ocho cabos, tres tambores, y tres sargentos iban trece mujeres agregadas a la guarnición que se dirigía al Paso de Sandú Entre estas mujeres estaba Ignacia Sotelo que tenía un rancho allí donde el Montiel no&#160;<a href="/?p=2347" class="read-more">Continue Reading</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="motopress-content-wrapper"><b><a href="http://i1.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/11/rancho-adobe.jpg"><img class="alignright size-large wp-image-2325" style="margin-left: 25px; margin-right: 25px;" alt="rancho adobe" src="http://i1.wp.com/noticiasvillaguay.com.ar/wp-content/uploads/2013/11/rancho-adobe.jpg?resize=320%2C350" data-recalc-dims="1" /></a>Por Manuela Chiesa de Mammana</b></p>
<p>El 26 de diciembre de 1823, el Comandante Pedro Barrenechea comunicaba a la Superioridad que juntamente con treinta soldados, ocho cabos, tres tambores, y tres sargentos iban trece mujeres agregadas a la guarnición que se dirigía al Paso de Sandú</p>
<p>Entre estas mujeres estaba Ignacia Sotelo que tenía un rancho allí donde el Montiel no es tan enmarañado, a quien la miseria había obligado a sumarse al ejército como china cuartelera.</p>
<p>Aquella campaña militar contra los portugueses fue larga y cruenta. Estas mujeres, parte de un ejército mal alimentado y peor vestido, compartieron el hambre y la miseria, lejos del terruño, con esperanzas de volver algún día al pago, expuestas a las enfermedades y a los caprichos del jefe de turno.</p>
<p>Una mañana de agosto, cuando el sol pujaba insistente en la llanura, todavía adormecida, después de tres años interminables, Ignacia vuelve a su rancho. Único bien que poseía y al que había dejado abandonado cuando decidió seguir a la soldadesca.</p>
<p>Cansada, con la mirada endurecida por aguantar tanto sufrimiento, se asomó una vez más por la precaria ventanita que daba al sur, para contemplar el montecito ralo de espinillos y ñandubay, que tanto añoró y jura para sí que mientras ella viviera su rancho serviría como refugio de malheridos y desertores de las luchas fratricidas que por años asolaron a la Provincia. Fue así como el rancho de la Nacha, como lo llamaron, se convirtió en un hito para los que huían, antes de ingresar al Montiel propiamente dicho.</p>
<p><i>De cincuenta años después data la venta del rancho de Ignacia Sotelo:</i></p>
<p><i>“Sírvase darme boleto a favor de José Sotelo por un rancho de mi propiedad, con sitio de 40 varas,justo al sur. Es lindero por el norte con Mariano, el Negro, por el sur con don Juan, el porteño, por el oeste con Juana Chavacú,y por el este con Cirilo Gomez, que vendí en la cantidad de $59.</i></div>
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