Los bomberos voluntarios de nuestra ciudad debieron combatir cuatro incendios ayer por la tarde, producidos, como viene ocurriendo, por la combinación de factores climáticos y de actitudes irresponsables.
Una pequeña fogata, una quema de basura y hasta un cigarrillo arrojado desaprensivamente en unos pastizales pueden desencadenar, en estos días cálidos, ventosos y de extrema sequía, incendios que resultan difíciles de controlar.
Ayer los bomberos debieron sofocar cuatro, todos con las mismas características: el combustibles son ramas secas, pastizales, pequeños basurales, montes y rastrojo de sembradíos.
El primero de los episodios se registró apenas unos minutos después del mediodía, en la estancia Palmas Altas, ubicada a la vera de la ruta provincial 10, cerca del arroyo Moreyra. Allí se produjo un incendio de pajonales y montes, que abarcó un área de más de 150 hectáreas y que los servidores públicos combatieron con mochilas de agua, guachas y devanadera.
Mientras un grupo aún trabajaba allí –estuvieron hasta las 17-, otra dotación de bomberos fue convocada a las 13:30 por un incendio en un baldío del barrio Brasil, a la vera de calle Santa Rosa. Felizmente, en este caso pudieron extinguirlo rápidamente.
Poco más tarde, a las 15:45, debieron viajar 60 kilómetros hasta cercanías de la estancia Los Tres Árboles, en el distrito Lucas Norte, ya que se estaba incendiando un lote de alrededor de 16 hectáreas con rastrojo de soja. Con guachas y mochilas, durante dos horas combatieron las llamas hasta que lograron sofocarlas.
Finalmente, cerca de las 20 los convocaron desde la zona sur de la ciudad, donde habían comenzado a incendiarse unas ramas secas amontonadas. Utilizando la devanadera pudieron apagar rápidamente el fuego.
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