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Crónicas dominguenses: la ganancia

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caballoPor Dr. Manuel Langsam (manuelangsam@hotmail.com)  – En los años en que empezaron a despoblarse las colonias que rodeaban Domínguez, la gente comenzó a dejar sus campos e instalarse en casas en el pueblo. Muchos arrendaban  y otros, al dedicarse a  agricultura, atendían sus intereses concurriendo solo una o dos veces por semana al campo. Entonces, como les sobraba tiempo, se dedicaban a otros quehaceres que, a la vez que los mantenía ocupados, les ayudaban con bienvenidos ingresos extras.

Una de esas personas, propietario de una pequeña parcela de unas 50 hectáreas, comenzó a comerciar en escala reducida en compraventa de vacunos, caballos o herramientas de poca monta. Así ocupaba su tiempo concurriendo a los remates de hacienda o herramientas y se quedaba hasta el final en que podía adquirir algunas vacas flacas por la que nadie había ofertado, o algún viejo caballo, o lo mismo un arado o disco en desuso para desarmar y vender  para repuestos.

Una vez lo vi comprar al finalizar un remate en Las Moscas un caballo en estado bastante deficiente por el que nadie había ofertado, en una suma ínfima. El rematador le facilitó una soga, lo ató a la par a su sulky y empezó a marchar hacia Domínguez, en donde vivía. Casi al anochecer lo vi entrar al pueblo pero ya no traía el caballo de la compra al costado.

A los pocos días lo encontré y le pregunté:  -Don……lo vi comprar un caballo en Las Moscas y cuando entró a Domínguez ya no lo tenía. Que le pasó?  No resistió el viaje y se le quedó de camino?

-No, me dice, me lo salieron a comprar de paso y lo vendí.

-Ah, bueno,  y en cuanto lo vendió?

Me dijo una cifra.

-Pero, le digo, esa cantidad es la misma en que lo compró. Se hizo 30 kilómetros  en sulky ida y vuelta, se pasó toda la tarde en el remate y no ganó nada?

-Como que no? Si, gané. Me quedé con la piola…

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