(Por el Dr. Manuel Langsam – ) – Según lo estipulan acuerdos internacionales, disposiciones que fueron incorporadas a nuestra Constitución en la reforma de 1994, la Argentina se comprometió a realizar censos nacionales de población cada 10 años. Si bien hay censos anteriores, hechos sin fecha fija, el plazo de 10 años se viene cumpliendo desde 1960. En los años 1991 y 2001, por razones presupuestarias, su realización se retrasó un año.
Estos censos eran considerados como carga pública para los docentes, hasta que en el año 2001 la CTERA dispuso que los maestros no participaran en protesta por la falta de pago del incentivo docente. Y desde entonces se contrata a voluntarios pagos.
En 1960 el censo se efectuó el día 30 de septiembre. En esa fecha yo me desempeñaba también como docente en el primer año de funcionamiento del colegio secundario de Domínguez (entonces Instituto Alberdi), por lo que me tocó trabajar en su implementación.
Me asignaron unas manzanas en las afueras del pueblo, lugar en el que se estaban levantando los nuevos barrios que se hicieron en la intendencia de Saltzman, por lo que no había documentación anterior para tomar como referencia.
Pero, como es lógico, los pobladores eran casi todos conocidos con anterioridad por lo que ya sabía con que personas me iba a encontrar.
A fin de agilizar el trámite estaba permitido recorrer y tomar datos de la zona en los días previos al censo.
En una de esas casas vivía una familia que tenía varios hijos, algunos de ellos con problemas mentales, por lo que se me había advertido que, si no estaban los padres, tratara de pedir los datos al menor de ellos, Carlitos, de unos 20 años, que me iba a poder responder.
Cuando llegué al lugar, Carlitos estaba subido a una escalera pintando el frente de la nueva casa. Desde ahí me dijo que sus padres no estaban y que si era por el censo, me daría los datos su hermano que estaba dentro de la casa y lo llamó. El muchacho salió y empezó a contestar el cuestionario correctamente. Pero cuando le pregunté por la edad del que me estaba informando, muy serio me dice: yo tengo 250 años… Volví a preguntar creyendo que había oído mal y me repite: yo tengo 250 años…
Entonces me acerqué a la escalera en que estaba Carlitos y le dije: a ver si podemos completar los datos. Y desde ahí arriba pregunta: ¿que falta contestar a mi hermano?
Hasta ahora respondió en forma satisfactoria, le digo, pero cuando le pregunto por su edad, me dice que tiene 250 años.
Entonces, “el normal” me responde: y…debe ser cierto, porque yo hace 150 que lo conozco y ya era grande…



