Opiniones

Crónicas Dominguenses – Guampa

pescador

pescador

(Por Manuel Langsam) –  Si nombro a Bautista Villo, nadie o muy pocos sabrán de quien estoy hablando. Es que era muy escasa la gente que lo identificaba por su verdadera identidad. Todo el mundo lo conocía por su sobrenombre: Guampa.  No se sabe como le había llegado, pero hasta él mismo respondía mas a ese nombre que al verdadero. Era, definitivamente, el viejo “Guampa”.

De edad indefinida pero avanzada, barba de varios días, ropas viejas pero limpias y un bastón que lo ayudaba a caminar, ya que le faltaban los metatarsianos del pie derecho, seguramente a consecuencia de algún accidente en su azarosa  vida de costero. Porque él no vivía en el pueblo. Solía aparecer esporádicamente en Domínguez por la necesidad de comprar algunos alimentos, desplazado por la creciente del Rio Gualeguay, o para vender algunos cueros producto de su caza.

Se había hecho una ranchada en la costa, a los fondos de la Estancia San Manuel por donde  tenía la arrocera Don José Robin. Y ahí pasaba sus días, dedicado  a la caza  y  la pesca, o sirviendo de baqueano a los pescadores y cazadores que llegaban por la zona y que le dejaban en pago algunas provisiones como tabaco, yerba, galletas o azúcar.

Cuando estaba por Domínguez   solía  encontrárselo en algún bar, compartiendo con otros parroquianos o con gente que había conocido en incursiones de pesca y que le pagaban alguna copita a cambio de sus pintorescos relatos de su vida costera.

En un frio anochecer de invierno lo encontré solo en el mostrador del bar del negocio de mi casa, saboreando una cañita (a la que era afecto) y, dado lo avanzado de la hora, sentí curiosidad y le pregunté si no se le hacía demasiado tarde para volver a su ranchada de la costa.

-No, me dice, hoy no me voy. Me voy a quedar a dormir en la casa de un amigo en el pueblo, por el frio, ¿sabe? Que frio pasé anoche!!! Fíjese que hacía tanto frio, que me tape CON LA RED EN CUATRO y lo mismo tenía frio!

Dejar un comenario