No podemos dejar de mencionar a Linares Cardozo cuando hablamos de la identidad entrerriana. Este hombre, que naciera en La Paz el 29 de octubre 1920, se llamaba en realidad Rubén Manuel Martínez Solís y tomará su nombre artístico de un trabajador rural que era capataz en el campo de su tío Manuel, y logró plasmar en su expresión artística, no sólo una puesta de entrerrianía, sino transformarse en un verdadero pilar de ella.
Creció entre peones y pescadores y con ellos aprendió a mirar el paisaje más allá de lo que puede mostrar una postal. Vegetación, agua, sonidos, cantos de aves, principios de vida fueron haciendo de ese adolescente un hombre de fina sensibilidad, abandonando luego sus nombres y apellidos, Rubén Manuel Martínez Solís, para adoptar definitivamente su nombre artístico: Linares Cardozo.
Fue compositor, cantante y guitarrista, poeta, pintor, recopilador y educador. Mostró con su arte el mundo cotidiano del hombre de campo, del paisaje en que éste se mueve, de las vicisitudes que soporta. En suma, hace que lo entrerriano se transforme en una muestra universal, y lo hizo con la sencillez y claridad con las que vivió cada uno de sus días.
Sin dudas con influencias yupanquianas, Linares Cardozo realizó la ardua tarea no sólo de pintar su comarca, sino de rescatar expresiones culturales propias de la región. Y es por eso que exploró, recopiló, difundió y con ello preservó la música y la forma de ser de esta región de Sudamérica.
Cuando se menciona a Linares Cardozo se lo asocia a la chamarrita, pero otros ritmos musicales también se encienden en su obra. Así es que su obra más conocida es “Canción de cuna costera”. Este tema dio la vuelta al mundo en las voces de “Los Fronterizos”, a quienes les fue dado a conocer en casa del poeta Polo Martínez, entonado por su hijo, Miguel “El Zurdo” Martínez. La canción, como se sabe, se inspiró en Dominga Almada, habitante de Puerto Sánchez. A esta canción se suman muchos otros títulos como “Peoncito de estancia”, “Como los pájaros”, “El alzao”, “Soy entrerriano” considerado como himno entrerriano, “Coplas felicianeras” y muchísimos más de diversos ritmos además de la chamarrita, como lo son el chamamé, el valseado, la milonga, el estilo, el rasguido doble, el vals, el tanguito montielero, el carancho cupé y la chacarera estirada o canción entrerriana.
A su extensa obra musical debemos sumar sus pinturas, en las que dejara plasmada para siempre su visión del paisaje que le fuera propio y de la gente natural de la provincia. Asimismo, dejó dos libros fundamentales y que tendrían que ser de lectura obligatoria: “El caballo pintado y la paloma” y “Júbilo de esperanza“.
Se jubiló como profesor en la escuela de Artes Visuales de Paraná. Falleció en Paraná el 16 de febrero de 1996. Tal él lo decidiera, sus restos descansan en el cementerio de su pueblo natal, a la sombra de un timbó con vista al río. Simplemente regresó a su lugar de origen. En su homenaje, la fecha de su nacimiento fue tomada para instituir el Día de la Chamarrita. (Fuente: Chajaría al día)



