Un proyecto de resolución insta al Ejecutivo a gestionar para que “planifiquen y concreten intervención destinada a la protección y el rescate histórico de las últimas ruinas jesuíticas de Entre Ríos, denominadas “La Calera de Barquín”.
“Es una pena que Entre Ríos no jerarquice este tesoro que le dejó la historia”, afirmó a AIM la diputada Emma Bargagna, autora de la iniciativa.
La autora del proyecto es la diputada socialista Emma Bargagna (FAP), quien reclama al poder Ejecutivo que gestione ante la intendencia del Parque Nacional El Palmar, el directorio de la Administración de Parques Nacionales y la Universidad Privada Jesuita San Salvador (Usal), que “planifiquen y concreten una intervención sistematizada” para el rescate histórico de las “Ruinas de la Calera de Barquín”.
También le reclama que, en nombre del Estado provincial, invite a las autoridades nacionales y de la Universidad Autónoma de la Provincia de Entre Ríos (Uader) para que lleven a cabo en conjunto, con participación de los estudiantes de la carrera del profesorado de Historia interesados en la investigación, un plan sistematizado de exploración y restauración de las ruinas jesuíticas existentes en el sitio denominado la Calera de Barquín, en el Parque Nacional “El Palmar” (departamento Colón).
De qué se trata
En los fundamentos del proyecto, Bargagna explica que en el Parque Nacional “El Palmar”, dentro de la región Espinal, sobre el río Uruguay, existen en estado de desprotección y abandono las “Ruinas de la Calera de Barquín”, sitio histórico por antonomasia debido a que fue uno de los establecimientos coloniales más antiguos de Entre Ríos.
Qué fue la Calera
La Calera data del año 1650, fue construida a mano por indígenas dirigidos por jesuitas misioneros de la Compañía de Jesús. Su función era explotar yacimientos de calizas organógenas, que se mandaba en barco, por el río Uruguay, a las Misiones Jesuíticas.
En 1768, el gobernador del Río de la Plata, Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa, cumpliendo con la orden recibida del rey de España Carlos III del 27/02/1767 organizó una expedición de 1500 hombres que expulsó a los jesuitas de las misiones guaraníes.
Desde entonces La Calera dejó de ser explotada por los jesuitas. En 1778, el Virrey del Río de la Plata, Pedro de Ceballos nombra a Manuel Antonio Barquín como veedor en la zona del Palmar.
Así fue como Barquín vuelve a poner La Calera en funcionamiento, utilizando la fuerza de trabajo de negros y aborígenes esclavos, alimentados a base de carne del ganado cimarrón.
La cal que se obtenía se enviaba en barcos a Buenos Aires y Montevideo.
Por eso se puede observar que las ruinas de las construcciones que aún quedan en pie datan de diversas épocas y están, en algunos muros, superpuestas.
En La Calera se edificaron casas, almacenes, un oratorio y un cementerio. Incluso hay un túnel -del cual quedan escasas ruinas- hecho por los jesuitas, que lo vinculaba con el Río Uruguay.
En 1782 el Virrey Vértiz relevó de sus funciones a Barquín y nombró en su lugar a don Tomás de Rocamora, el fundador de Gualeguaychú.
Durante varios años La Calera estuvo abandonada. En 1825 la recuperó Bárbara Barquín, hija de don Manuel Antonio. La heredera hizo negocios con “River Plate Agricultural Association”, empresa colonizadora que intentó instalar una colonia de 50 británicos, pero fracasó, ya que al poco tiempo se fueron del lugar.
En 1857, la empresa “Sociedad Arcos, Bilbao y Beaumont” usó La Calera para sacar por su puerto palmera Yatay, recurso natural único en su especie, que esta compañía extrajo por un tiempo, hasta que don Justo José de Urquiza adquirió el lugar a los herederos de Manuel Antonio Barquín.
Durante el siglo XX La Calera se usó por la empresa Salvia Hnos. para sacar ripio, ocupando la fortaleza de las construcciones jesuíticas.
El 23 de enero de 1966 se sanciona la Ley 16.802 que creó el Parque Nacional El Palmar, por lo que la empresa extractivista debió retirarse del lugar.
La Calera fue varias veces y durante largos períodos ocupada por ejércitos (el lusitano, el de Artigas, el argentino) en las luchas de la época colonial, de la independencia y organización de las Provincias del Río de la Plata y en la Guerra de Brasil. Era una fortaleza que servía como puerto. Durante el año 1873, en el lugar, se produjo “el combate de la Calera de Barquín”.
Lo que queda de La Calera
En el lugar de emplazamiento de la Calera, quedan en pie restos de ruinas jesuíticas, sostenidas por alambres, a modo de gaviones.
Hay dos hornos (que se usaban para la elaboración de cal viva), un embarcadero, tres edificios, un oratorio, un túnel y un cementerio.
Sobre el cementerio, que era un lugar sagrado para los jesuitas y los aborígenes, hay un “alto tránsito” de turistas que ignoran, (por falta de información y prevención en el cuidado de las reliquias del lugar) que están pisando un terreno debajo del cual es muy probable existan restos que serían muy preciados por los arqueólogos e historiadores.
“Es una pena que Entre Ríos no jerarquice este tesoro que le dejó la historia”, dijo Bargagna y recuerda que “los edificios de piedra mora hasta hace poco tiempo superaban los cuatro metros de alto, fueron construidos a mano por nuestros hermanos originarios, con argamasa de cal, barrio y arena”. En las ruinas de uno de los hornos se encuentra la imagen de “Santa Filomena”.
En el 2006 se conformó un grupo de investigación con sede en la universidad de San Salvador (Usal, fundada en Argentina por la Compañía de Jesús el 8 de junio de 1944) con el fin de reunir información sobre las actividades jesuitas en el bajo río Uruguay.
El estado actual
Para describir la situación actual no es menester más que hacerse presente en el lugar y observar directamente: entre la frondosa vegetación que avanza sobre los restos de las construcciones, cruzan los senderos destinados a la llegada de los turistas al margen del Uruguay y se ofrecen servicios de actividad náutica sin considerar que ese era el lugar destinado a cementerio de los jesuitas y de los esclavos y guaraníes que allí dejaron su fuerza de trabajo y su vida. Lo mismo sucede con el oratorio, intervenido con graffitis, que no está protegido del constante contacto de turistas y de las inclemencias del tiempo.
Gestión de la provincia
La socialista considera que es necesario que el gobierno de la provincia, responsable del cuidado de nuestro patrimonio histórico y cultural, “gestione con premura ante las autoridades nacionales competentes e inclusive ante la Universidad Jesuita de El Salvador (interesada en su rescate) las acciones tendientes a preservarlo ese trozo de historia de las misiones jesuíticas en nuestra región”.
Sugiere también invitar, -además de las instituciones nacionales públicas y privadas mencionadas-, a la Uader, para convocar a los estudiantes del profesorado de Historia, a quienes seguramente les ha de interesar el rescate de nuestro más antiguo pasado, la búsqueda, clasificación y restauración de los últimos restos arqueológicos y culturales jesuíticos existentes en la Calera de Barquín.
La legisladora explica que lo que propone llevar a cabo en territorio provincial “se está haciendo con un grado de excelencia muy interesante en Cayastá la Vieja, Santa Fe, lugar en el que, a lo largo de varias décadas y gracias al esfuerzo apasionado del profesor Agustín Zapata Gollán y de numerosos jóvenes estudiantes entusiastas, se pudo rescatar del pasado, la historia y la cultura de los jesuitas en la otra margen del Paraná”. (AIM).


