Selva María Cabral es paciente. Habla pausado y con serenidad. Agradece a médicos y enfermeras y sabe que tiene que mantener la moral bien alta para poder sobrellevar lo que aún le falta.
Si estuviera impaciente, indignada, resentida y quejosa, tendría fundamentos: un auto la chocó y huyó; hace un año y cuatro meses que no puede levantarse de la cama y debe someterse a 13 tratamientos de reconstrucción ósea en el hospital Italiano de Buenos Aires, cuando algún funcionario provincial disponga las partidas necesarias para costearlos, ya que ella no tiene obra social.
Tiene 23 años; proviene de una familia humilde de Villa Clara, tiene seis hermanos más chicos y una madre que se reparte para cuidarlos y que no tiene ni los medios ni el tiempo para visitarla en el hospital San Martín, de Paraná, donde ha pasado internada desde junio del año pasado, un par de días después del accidente.
Recuerda con nitidez el siniestro: iban por un camino cercano a la reserva natural La Chinita en una moto conducida por su novio de entonces, cuando un auto rojo (un Clío, aparentemente), apareció zigzagueando. El novio intentó esquivarlo corriéndose más hacia su derecha, pero el auto impactó igualmente a la moto. Y la que sufrió las peores consecuencias fue Selva.
Su fémur y su rodilla quedaron virtualmente destrozados y luego la herida se infectó. En consecuencia, necesitaba un tutor que reemplazara al hueso pulverizado. Cinco meses pasó en una cama del San Martín hasta que apareció la prótesis. “Me hicieron una nota en un diario de Paraná y a los dos días apareció la prótesis”, contó hoy a EL PUEBLO.
Sin embargo, sus desgracias no terminarían allí: su cuerpo rechazó el tutor y, desde entonces, la única alternativa viable para recuperar su pierna izquierda es una especie de transplante o reconstrucción de su fémur, que debe realizarse en el hospital Italiano de Buenos Aires, a un costo absolutamente inaccesible para ella.
“Ahora me trajeron a Villaguay para que vea a mi familia, porque ellos no pueden viajar a Paraná. Y la idea que tienen es dejarme acá hasta que salga el dinero para costear el tratamiento en Buenos Aires”, relató.
Teniendo en cuenta sus experiencias anteriores, eso puede implicar meses. Salvo que el caso vuelva a aparecer en la tapa de un diario y algún funcionario provincial decida mover los expedientes.
Por ahora, Selva espera pacientemente. No le queda otra. “Tengo que tener ánimo porque eso ayuda a que mi cuerpo se recupere más rápido. Si me deprimo es peor”, dice.
Ayuda
“De Clara nunca nada. Les he pedido algo y es como si me tuvieran rabia. Yo no voy por política. Ellos tienen hijos y sabrán qué hacer. La única que me ayuda es una secretaria del Adrián Fuertes. Cuando ella vio la nota en el diario me llamó y se ofreció a ayudarme, me dijo que no dude en contar con ella. Incluso vino anoche y me preguntó cómo estaba y si precisaba algo. Hasta ahora es la única que me ayuda”.










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