El diario El Litoral, el principal matutino de Santa Fe, publicó ayer una muy extensa nota en la que recorre la vida del villaguayense Luis Ramón Abdeneve, que desparramó su talento en Unión y le tocó ser parte del “peor Boca” de la historia.
Despunta el vicio jugando al fútbol en El Pinar con una “banda” de futboleros entre los que están Miguel Torres del Sel, Gustavo Herrera, Dándolo, Mario Toyé, Marcelo Piazza, Hugo Chelini, Miguel Cantero, el Hueso Alvarez y seguramente algunos más que en el rápido repaso no recordará. Luis Abdeneve la movía en serio. Era un “10” tremendamente habilidoso, que tiraba caños, sombreros, pisaba la pelota como pocos y la tenía atada. Hizo golazos memorables, como aquél de una fria noche de agosto de 1983 a Newell’s en el arco de la tribuna redonda. Jugó en Boca, Platense, Gimnasia y Esgrima La Plata, Bolívar, Deportivo Español, Olimpia de Honduras y el Bucaramanga. Y en Unión, claro.
—Empecemos por el principio, Luis…
—Me fui directamente de Villaguay a River. No era fácil, estudiaba y el club me había conseguido laburo en una carpintería, lijaba botiquines para hospitales. No disfrutaba del fútbol, y eso que estaba en River. Una vez, Unión fue a jugar un partido a Villaguay por el pase de un jugador. Yo estaba de vacaciones y me entusiasmé con la posibilidad de venir a jugar a Santa Fe, me habían encantado los colores de la camiseta de Unión, era un pibe. Pero resulta que me vine a Colón, donde estaba Rubén Cheves. El día de la prueba en Colón, llovió y se suspendió, Cheves no tenía muchas ganas de volver a probarme y me aconsejó que volviera a Buenos Aires. Todos hablaban de Villarruel en Colón. Y tenían razón, porque era un jugadorazo.
—¿Entonces?
—No podía volverme a Entre Ríos, encontré unos muchachos de Entre Ríos que estaban viviendo en Santa Fe y me quedé con ellos. En Unión estaba el “Avispa” Bugliano, que era de Colón, Entre Ríos. El me llevó y me hizo hablar con Reynaldo Volken. ¡Había unos nenes en la tercera!, Carlos López, Micol… Te pegaban de la rodilla para arriba.
—Te tuviste que bancar algunas patadas…
—Yo no era de los guapos, pero empecé a hacer lo que sabía, tiré un par de tacos, caños y sombreros… A Reynaldo le gustó.
—Debutaste cuando eras pibe… ¿Fue en un clásico?
—Claro, año 1980. Ganamos 3 a 1 con goles de Stelhick, Regenhardt y Landucci, en la cancha de Unión. Tenía 18 años y estaba haciendo el servicio militar. Jugué 35 minutos y entré por Pomelo Ribeca. Era muy tiernito. Después, Colón descendió y fue una pena.
—¿Una pena?
—Sí, una pena, creeme. Los clásicos son bárbaros y yo jugué sólamente ese, porque después Colón jugó 14 años en la B y yo siempre jugué en Primera… Y vuelvo a jugar en Primera al año siguiente, en el 81, en un partido que le ganamos a River con goles mío y de Centurión.
—¿Quién fue el tipo que más incidió en tu formación como jugador?
—Julio San Lorenzo primero, Luis Sauco después y por último Alberto Violi.
—Y después te fuiste al peor Boca, ¿no?
—Me encontré con un Boca que tenía un presidente, Corigliano, que había sido echado por los jugadores; un Boca en el que sus dos mejores jugadores, Ruggeri y Gareca, quedaron libres; un Boca en el que no podías hacer nada si no eras representado por Guillermo Cóppola, que manejaba todo.
—¿Fue el año en el que tuvieron que pintar los números de la camiseta y cuando arrancó el partido se fueron despintando por la transpiración?
—Eso fue en el año anterior, cuando a Boca lo auspiciaba “Vinos Maravilla” en la camiseta… Pero jugué el partido que perdimos 9 a 1 con Barcelona, que fue la peor derrota de Boca de todos los tiempos. Fue en el Nou Camp, pero la prensa y Menotti me dieron como la figura del partido, cosa rara en un 9 a 1 en contra. El título de la nota de Menotti en el diario fue: “Abdeneve jugó solo y no lo acompañó nadie”. Y que el Flaco Menotti lo diga en ese momento, es como si ahora lo dice Simeone o Bielsa.
—¿Te dirigió Menotti?
—En el 87. Fantástico, sus charlas técnicas eran sensacionales. De Boca me había ido a Platense y luego al Bolívar. Cuando el Flaco me llevó de vuelta, pensé que me iba a consolidar. Tenía 26 o 27 años, una linda edad.
—Y después volvés a Unión y te fuiste al descenso. ¿Fue tu gran tristeza en el fútbol?
—Teníamos un buen equipo. Estaba el Beto Acosta, Jorge García, Toresani, De Avila. No fuimos los peores del torneo. Lo sufrí muchísimo porque me hice hincha del club y si hoy tengo una familia es gracias a Unión. En Unión siempre recuerdan a los jugadores que ascendieron y aparezco en el libro de los 100 años como uno de los más habilidosos de la historia, pero no me hicieron subir al escenario. Y yo nunca jugué en la B en Unión. Me dio un poco de tristeza
—¿Por qué no llegaste más alto con la habilidad y la técnica que tenías?
—… A mí, la revista El Gráfico me hizo tres páginas, suficiente para que hoy en día te lleven a Europa. Tuve la mala suerte de que me compró una empresa y me metió en el Bolívar de La Paz. Había dos o tres ofertas de Europa, pero el que puso la plata fue el Bolívar.
—¿Eras “lagunero”?
—Una vez, Ricardo Porta me mandó a ver a un sicólogo y yo pensé, en ese momento, que me mandaba porque estaba loco. Sin dudas que todo lo mío, mi inconstancia, era por la cabeza.
—¿Qué cosas no te bancabas en la cancha?
—Las patadas y la mala intención… Los árbitros respetan una camiseta más que otra, eso se nota. Yo no era irrespetuoso con la pelota, nunca relajé al rival, me lo enseñaron Bottaniz, Pumpido, el Turco Alí, que siempre me decían que al rival había que respetarlo. Yo tiraba caños y sombreros porque eran improvisaciones, hay lugares del campo de juego en los que si no tirás un caño no podés salir.
—¿Hay más mala intención hoy que antes en el fútbol?
—Antes había jugadores que marcaban un territorio y si volvías, era porque te la bancabas de verdad.
—¿Le tenías miedo a esa clase de rivales?
—¡Por supuesto!… Yo veía por dónde podía jugar… Y si había un tipo con el que no iba a poder, lo mandaba al Pelado Centurión, que era fuerte y guapo… El jugador no deja de ser inteligente por buscar un lugar en el que pueda marcar la diferencia… ¿Nombres?, Gallego, Passarella, Bauza… El Patón no era malintencionado pero calzaba 46 y medía 1,90… Enzo Trossero… Una sola vez lo enfrenté a Pernía, tenía músculos en el cuello, te juro que asustaba…
—Y cuando te pegaban, ¿te bancaban tus compañeros?
—¡Por supuesto!… Brindisi, el Chino Benítez, Hugo Zavagno… Lo que hicieron esos muchachos con el grupo, cuando llegaron, más Horacio Cordero y el Turco Alí, fue fenomenal, teníamos un equipazo.
—¿Cuál fue el “9” con el que más te entendiste?
—Era fácil jugar con el Pelado Centurión, con Gareca, con el Pampa Gambier… Te marcaban el pase… Para el jugador con técnica, meter un pase entre líneas no es difícil… Me llevé bien con el Pichi Escudero, con el Turco, en Bolivia con el Diablo Etcheverry, con Urruti.
—Entre tantas virtudes, a Bochini era imposible pegarle y metía pases entre líneas fabulosos, pero no iba a dejar cinco tipos en el camino como los dejaste vos contra Newell’s o aquellos golazos en Platense y Boca…
—Yo también era un buen asistidor. A Gambier, en un clásico con Estudiantes, lo dejé mano a mano dos veces y ganamos 2 a 0. Hoy se convalida la asistencia, pero antes no se reconocía.
—Si hubieses nacido 20 años después serías millonario, ¿no?
—Y bueno, en ese momento ibas a Europa si salías en El Gráfico, y yo salí tres veces. Hoy se le exige mucho al jugador que juega.
—¿Vos eras enganche y sólo enganche, no podías jugar en otro puesto?
—No todos son como Piatti, que puede jugar de enganche, media punta o doble cinco. Hay jugadores de mitad de cancha para adelante que no podés obligarlo a que retrocedan mucho y con la misma eficacia. Es más fácil encontrar jugadores para un solo puesto y no para tres o cuatro puestos. No existe que un jugador pueda jugar en cualquier puesto. En River jugaban Jota Jota López, Merlo y Alonso, con funciones bien definidas. Y fue uno de los mejores mediocampos de la historia. Hoy veo que se juega con dos líneas de cuatro y dos delanteros y no entiendo por qué a los carrileros se los obliga a retroceder enseguida y tanto, cuando están los marcadores de punta para marcar el sector.
—¿Se juega con miedo a perder?
—Carlos Trullet tiene razón cuando dice que no es lo mismo un entrenador que está empezando con el que tiene una fortuna en su cuenta bancaria. Yo entraba a jugar, y a partir del juego buscar la victoria. Pero había entrenadores que te transmitían el miedo a perder la pelota, por ejemplo.
—¿Te peleaste mal alguna vez con un entrenador?
—Con dos me crucé feo, fue verbal pero para terminar mal, a las piñas. Siempre por malos entendidos de un compañero o de un periodista, no por lo que yo había hecho.
—¿Viste trompadas adentro de un vestuario?
—Por supuesto, pero lo ideal es que, si pasa, quede adentro del vestuario. Hablamos del fair play y a los dos minutos estamos pidiendo una amarilla o una roja a un rival. Gracias a Dios pocas veces discutí con un compañero… Una vez, en cancha de River, lo dejé tirado dos veces a Fillol y erré el gol. ¡¿Sabés lo que fue el regreso a Santa Fe en el micro?!. Mis compañeros me miraban con una cara que ni te cuento.
—¿Te cuidaste en tu carrera?
—No fumé, no tomé alchohol y tampoco trasnoché… Mis compañeros decían que era un irresponsable porque llegaba tarde a los entrenamientos, pero no por andar con cigarrillos o con el alcohol.
—¿Alguna vez viste droga en el fútbol?
—Tuve la suerte de tener una muy buena enseñanza de parte de mi viejo, que no sabía leer y escribir pero sabía los límites de lo bueno y lo malo. Me tocó alguna vez que me indicaran que tomara droga para mejorar el rendimiento, pero mi respuesta siempre fue negativa.
—Pero te la ofrecieron…
—Sí, claro. En la Copa Libertadores no había control antidóping… Los mejores aplausos y las mayores puteadas me las llevé con lo mío, sin ayuda.
—¿Te bancaste la altura en Bolivia?
—No, para nada. El profesor Habbeger me hacía entrenar en doble turno y eso me ayudó a controlarla. El presidente dijo hace poco en una nota con Fernando Niembro que recordaba uno de los goles que había hecho. Allá me tuve que ir después de haberme peleado con un periodista.
—¿Cómo jugarían tus equipos si tuvieses que dirigir?
—Línea de cuatro atrás, tres mediocampistas, un enganche y dos delanteros; o si no, 3-4-1-2… Pero siempre con un enganche. Es un desperdicio no jugar con enganche. Mientras jueguen Riquelme, Pisculichi o lo que hizo el Mago Ramírez cuando entró el otro día, los delanteros serán bien asistidos.
—¿Y si tenés que jugar con 4-4-2 como todos?
—Que el doble cinco sea un jugador como Alemán, que al final termina jugando de enganche.
—¿Por qué Unión y Colón no pudieron salir nunca campeones?
—Porque los dirigentes no asumen el riesgo de armar un equipo para salir campeones, les falta apostar sin miedo de perder. En inferiores se trabaja bien, pero los técnicos y los profe están mal remunerados. Salen jugadores, pero falta jerarquizar el trabajo de inferiores.
Ese golazo que todos recuerdan
- “Unión tuvo la genialidad de Abdeneve”, fue el título de El Litoral. Unión recibía a Newell’s y el partido estaba empatado en dos. Iban 44 minutos del segundo tiempo, cuando recibió la pelota, dejó cinco rivales en el camino y remató de zurda para hacer llegar la pelota al fondo del arco de Civarelli. Fue el 3 a 2 definitivo, con uno de los goles más lindos que se vieron en el 15 de Abril. O por lo menos, uno de los más recordados por los hinchas rojiblancos.
Esa noche, Unión formó con Morón; Hugo López, Otaola, Cárdenas y Lencina; Sánchez, Zavagno y Logiácono; Escudero, Cordero y Alí. El Turco Abdeneve entró por Logiácono en el segundo tiempo, en el único cambio que introdujo Jorge Castelli, el entrenador rojiblanco.
En Newell’s jugaron Civarelli; Barbieri, Giovagnoli, Pautasso y Macat; Acosta Silva, el Tata Martino y Viglione; Víctor Rogelio Ramos, Robles y Almirón, dirigidos por un histórico leproso: Juan Carlos Montes.
Martino en contra abrió la cuenta para Unión, empató Ramos, desniveló Escudero y volvió a igualar Ramos, quien años después jugó en Unión. El tercero de Abdeneve fue el golazo que selló el resultado del partido.



