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TRES LINEAS
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Villaguay | Entre Ríos | Argentina | Viernes 31 de octubre de 2008 |
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Día del militante Por LA MOSQUITA Se viene otro 17. Esta vez el de noviembre. Éste tiene mucho menos marketing que el de octubre, es más, casi siempre pasa desapercibido. Pero esta vez el día en cuestión estará atravesado por una interna, coyuntural y ficticia como todas, pero por una interna al fin. Y por ende, tendrá más rating que en otras oportunidades, Se viene el 17 de noviembre. Sí señores, el “Día del Militante”, día en el que se conmemora el regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina luego del exilio. Y para seguir los pasos de la moda K de “correr” las fechas en las que se conmemoran acontecimientos históricos, los muchachos bustistas decidieron celebrar su día el sábado 15, en lugar de hacerlo el 17. Y definieron que el acto será en Villaguay. Y habrá homenaje a Carlos Fuertes y todo. Algunos de los muchachos, adictos a la necrofilia, otra vez se disputan los muertos y los alojan en el medio de una patética lucha interna. Como en San Vicente, salvando las distancias. Decía que se viene la conmemoración del Día del Militante. Y digo militante e inmediatamente pienso en un anacronismo espantoso. Digo militante y ya no pienso en “alguien que ha encontrado una verdad que lo trasciende”, diría Feinmann (el bueno). Digo militante y no me imagino reuniones atravesadas por debates ideológicos. Digo militante y no pienso en recorridas por los barrios o las villas enseñando a leer y escribir. Digo militante y la palabra “convicción” se desvanece. Digo militante y el término “compromiso” huye despavorido. Digo militante y huelo a ideologías alquiladas. Digo militante y siento que es una palabra muerta. Alguna vez ser militante era creer en una idea. Y defenderla. Era estar convencido de un proyecto. Era creer que era posible concretarlo. ¿Y hoy qué es ser militante? ¿Quiénes son los que irán al acto o a los actos que se hagan? ¿La cúpula, la dirigencia, los punteros, y los rehenes políticos? ¿Qué van a festejar? Para la cúpula será un segundo round que tendrá como objetivo medir fuerzas en la interna. La dirigencia de medio pelo irá para demostrar que “estamos con vos, como siempre, compañero”, y especulará con la posibilidad más que cierta que el Jorge vuelva en el 2011. Los punteros irán a sumar puntos. No se puede dejar de sumar porque son muchos y hay cada vez menos lugares. Así que hay que hacer buena letra. Y los rehenes políticos irán porque los fueron a buscar. No saben bien de qué se trata. Sólo les tiraron un par de datos: “Van a estar los jefes y ellos te conocen y van a estar orgullosos de verte ahí. A parte me dijeron que si vas habría alguna posibilidad de darte lo que me pediste la otra vez. No, la casita del IAPV todavía no, pero falta menos, eh. Capaz que la changuita esa que vos me pediste en el corralón puede ser tuya. Vos andá el sábado 15, buscame y yo te digo bien, pero casi seguro que el lunes arrancás. Ahh, y a parte, como sé que siempre estuviste con nosotros, te voy a dar 50 pesitos. Claro, para el asadito del domingo. Mirá que bueno que soy: te doy 20 ahora, por adelantado. Andá y nos vemos. Ahh y a tu mujer también llevala, y a tus nenes. Y a tus hermanos. Y a tu vieja también, el otro día me dijiste que andaba mejor, así que llevala. Va a estar chocha la vieja. Cualquier cosita avisame y te mando un taxi para que te pase a buscar. O caminá dos cuadras que el cole pasa por el barrio a buscar gente tipo 18. Nos vemos. Vení, así el lunes empezás en el corralón”. La “militancia” se transformó en una carrera profesional, pero en vez de estudiar, rendir finales, recibirse y empezar a ejercer la profesión, hay que reclutar gente. Hay que tener algún contacto adentro y, a partir de ahí, empezar a trepar. Imaginen que es como un video-juego y hay distintos tipos de niveles. Una ínfima porción llega a niveles dirigenciales de importancia o accede a alguna banca. Otros tantos, que también forma parte de una minoría “privilegiada”, acceden a un puesto de trabajo con un sueldo, digamos, digno. Hay otros que se tienen que embarrar un poquito más pero, gracias a su “esfuerzo militante”, no la pasan nada mal y pegan changas bastante decentes. La inmensa mayoría muere con las botas de rehén puestas, pero con la esperanza intacta de que “fulanito me prometió la casita. Y si no es para mi, será para mis hijos, pero ésta es gente cumplidora y sé que me la van a dar”. Y mientras tanto son arrastrados a actos y a movilizaciones en micros en los que se reparte la vianda de rigor. Y un domingo cada tanto, son trasladados en confortables taxis a alguna escuelita con boleta marcada en mano. Y esto sucede en el PJ, pero también en la UCR, ehhh. Lo que pasa es que como los radicales están medio flojos de cash y ya no manejan las cajas importantes, les cuesta más movilizar. Si bien siempre fueron un poco más sutiles que el los pejotistas, la militancia rentada también forma parte del centenario partido. Hoy, a 25 años de la recuperación de la democracia, este nefasto juego se consolida cada día más. Ya se naturalizó: forma parte del paisaje ver cientos de colectivos estacionados en las cuadras adyacentes a los actos, o combis, si se trata de una movida un tanto más humilde. Y taxis y remises repletos de “militantes” con las boletas dentro del puño los días de elecciones. Y estos sujetos (sujetados de pies y manos al poder de turno) son víctimas. Y lamentablemente el sistema no para de reproducirlos. Es necesario que haya más, cada vez más para evitar que la fiesta se acabe. Es como un círculo vicioso: el Gobierno de turno chamuya y chamuya sobre la necesidad de distribuir la riqueza, pero se asegura que un porcentaje de la población siga siendo pobre y no acceda a la educación, o acceda, pero sólo un poquito, porque si estudian y se avivan se les acaba el negocio. Y no es cuestión. Y el poder también se asegura de ensuciar bien la palabrita política, para que aquellos que tienen el privilegio de acceder a un nivel de instrucción medio, despotriquen “contra los políticos” y digan: “Yo no me meto, son todos iguales. Yo soy re-vivo y voto en blanco o no voy a votar. Esto está podrido y no va a cambiar más, así que yo mejor cuido mi laburo, mi familia, me compro un 38, por si aparece algún negro que me quiera robar, y me duermo viendo el patinando de Tinelli”. Estos últimos también son víctimas. Quizás más que los que son llevados a votar en taxi. Porque estos tienen la posibilidad de abrir los ojos, pero les resulta más cómodo no hacerlo. Y lo peor de todo, es que se creen más vivos que cualquiera. La Biblia de las cúpulas reza: “Necesitamos mercenarios despolitizados que nos garanticen votos o indiferencia. Si logramos esto, tendremos poder y acceso a los fondos públicos, y si tenemos poder tendremos más votos. Y si tenemos más votos, tendremos más poder”. Y así sucesivamente… hasta que la pantalla nos enceguece a todos con un “Game Over” grandote. Y perdemos todos, menos algunos, que siempre caen parados. La Mosquita (lamosquita@hotmail.com) |
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