Por LA MOSQUITA (lamosquita@hotmail.com)
Aborto: sacarse las caretas y abrir el debate
Otra vez los grupos “pro-vida”, con su fundamentalismo a cuestas, salen a despotricar y a mezclar las cosas. Hablan de “crímenes”, advierten sobre el advenimiento de “la cultura de la muerte”, dan golpes bajos diciendo que después de todo se trata “de un corazón frágil con derecho a la vida”, y mencionan la existencia de un “Estado asesino”, entre otras claras muestras de intolerancia y ceguera.
Y estos personajes, que se creen los dueños de la verdad, salen a gritar cuando en la tapa de un diario aparece la madre de una menor discapacitada pidiendo que a su hija se le practique un aborto. O cuando, un dirigente político, en este caso el presidente de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados de la Provincia, Darío Argain, intenta abrir la discusión sobre un tema polémico, pero que sin lugar a dudas requiere un debate y la necesidad de establecer reglas claras.
Reglas claras para evitar que aquella nena down de 12 años, violada por su padrastro, deba seguir adelante con su embarazo.
Reglas claras para permitir que se le practique el aborto (con el consentimiento de su madre) antes de que su panza crezca más de lo que está y todo se vuelva más peligroso.
Reglas claras para detectar a tiempo cuándo “está en peligro la vida de la madre”.
Reglas claras para evitar que ciertos médicos de hospitales públicos se nieguen a practicar un aborto imponiendo una “objeción de conciencia”.
Reglas claras para impedir que algunos personajes del Poder Judicial intenten poner palos en la rueda y demoren la concreción del pedido de realización de aborto, a pesar de que la ley lo habilita cuando “está en peligro la vida de la madre o si el embarazo proviene de una violación sobre una mujer idiota o demente".
Argain no es santo de mi devoción, pero celebro que haya decidido tirar las cartas sobre la mesa y, de este modo, intente aclarar el panorama. Y por qué no, de pie a debatir la posibilidad de que el aborto se pueda practicar también a todas aquellas mujeres que han sido violadas, y por qué no, también al resto, a las que estén convencidas que son dueñas de su propio cuerpo.
Según datos oficiales, el 28 por ciento de las muertes maternas registradas entre niñas y adolescentes -10 a 19 años- se produjo como resultado de un aborto inseguro.
Es más que evidente que los fallecimientos por esa causa disminuirían si el Estado garantizara la interrupción del embarazo en los casos permitidos por la ley, por lo que es fundamental poner en vigencia una política pública que regule el acceso a los abortos no punibles.
Creo que la penalización del aborto es la expresión de la hipocresía reinante en ciertos círculos.
Los férreos defensores del embrión, “del niñito cuyo corazón late”, no se ocupan de los pibes no deseados ya nacidos, cuyo destino es el abandono, la calle, la violación, la mendicidad, la enfermedad, el hambre crónica, el pegamento, la delincuencia, la cárcel y la muerte.
Es más, muchos de estos sectores reaccionarios estarían encantados con la aplicación de la pena de muerte, aplauden la criminalización de los pibes y están totalmente a favor de bajar la edad de imputabilidad de los menores.
Piden a gritos mano dura y tolerancia cero y, levantando su catolicismo exacerbado como estandarte, pretenden ir contra la ley y tratan de imponerle a una persona violada y discapacitada el hecho de ser madre, argumentando que sus ideas religiosas tienen que ser la de todos,
Afortunadamente, hay reacciones de parte de quienes han comprendido que no se puede obligar a nadie a abortar y tampoco se puede obligar a nadie a no abortar.
Una de las voces pega un alarido y grita: "Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, y aborto legal para no morir”.
Es necesario abrir el debate y sacarse las caretas. El aborto existe, por más que algunos intenten imponer su dudosa moral. Existe y, por lo tanto, es una cuestión de Estado. De salud pública.
En este marco, el Estado, en primer lugar, debe hacer cumplir lo que establece la ley y, en segundo lugar, garantizar que aquellas mujeres que no pueden pagar cinco lucas a un médico para que les haga un aborto en una clínica privada, tengan la posibilidad de elegir y no estén condenadas a morir en un mugriento baño mientras un atorrante las tajea a cambio de 100 mangos.
La Mosquita (lamosquita@homail.com)
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