ENTRE COLUMNAS
La prostitución de los medios
Por Marcelo O´Connor.-
Hace noventa años, Upton Sinclair escribió “La ficha de bronce”, libro en el que exponía la irrefutable evidencia del poder que ejercen los diarios comerciales a través del manejo discrecional de la información según los intereses de que se trate, con sus centenares de trucos, sus miles de añagazas tanto en la titulación, como en la selección de las noticias, en las verdades a medias y en la simple supresión de toda información que no convenga a los altos círculos financieros y comerciales a los que sirve.
El tema y el autor han sido cuidadosamente olvidados, jamás reeditado desde una colección que hace cincuenta años dirigía Gregorio Selzer, por revelar la simple y vigente verdad de los hechos. Que no es otra que ese poder ha transformado en mito el respetable concepto de la libertad de prensa, que es únicamente para los dueños de diarios, revistas (y ahora de radios y televisión) y agencias noticiosas y para los intereses que representan. Es la libertad de los poderosos contra la indefensión de los débiles.
La información que los grandes medios brindan sobre el debate de la llamada Ley de medios K, descalificada desde el título, es ilustrativa. En las audiencias públicas desfilan diariamente decenas de expositores: sólo transcriben a los que hablan en contra.
Titulares como ¡Ley Mordaza! o sospechosos reportajes a sedicentes constitucionalistas que encuentran rebuscados obstáculos legales al proyecto, no alcanzan a ocultar que todo es únicamente la defensa de un negocio. Que Clarín o La Nación estén preocupados por las libertades públicas, me conmovería el alma si no me acordara de que ambos fueron benévolos con todas las dictaduras o gobiernos fuertes.
“Los egipcios tienen escarabajos sagrados. Los diarios capitalistas tienen insectos sagrados de varias especies desagradables y venenosas”, dice Sinclair. Son los periodistas “estrellas”. Cada diario cuenta con uno o dos, lo suficientemente pagos como para que no sientan sus cadenas. Algunos de ellos, Morales Solá, el ex vocero del general Bussi, y Mariano Grondona, el escribidor de las proclamas golpistas, se consideran iluminados con el privilegio de formar opinión. A cada uno de ellos, es aplicable esta frase: “Lo que no se le ocurría era que nunca hubiera llegado a ser un formador de opinión si no fuera porque su opinión coincidía exactamente con la de los propietarios del diario” (Ken Follet).
Los diarios y la televisión parten de la base de que el público consumidor es tonto y lo nutren con una masa de trivialidades, escándalos, crímenes, pornografía, sensacionalismos, noticias adulteradas, engaños políticos, editoriales parciales y avisos vulgares. Nada en ellos es inocente. En el perpetuo circo pueden demonizar o ignorar a algunos personajes, o inventar otros, fugaces y patéticos, como De Angelis, Blumberg o Zulma Faiad, de parecido nivel. Usarlos y olvidarlos. También darles patentes de estadistas a mediocres como Macri, Reutemann o De Narváez.
El proyecto de ley en cuestión puede ser imperfecto y, como tal, mejorable. Ahora o más adelante. Pero sin una legislación adecuada que impida los monopolios y oligopolios informativos, públicos o privados, no existirá verdadera libertad en el país, ni periodística, ni política.
No se trata de estar en favor o en contra de este gobierno, que pasará y la ley quedará. La pelea entre un diario y un ex presidente puede ser una anécdota sabrosa del momento. Pero si nos tragamos que ahí está la cuestión, ya no importará que nos traten como a estúpidos, porque eso seremos.-
Marcelo O´Connor.-
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