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Villaguay | Entre Ríos | Argentina | Domingo 10 de mayo de 2008
Los tipos de la esquina
Por La Mosquita |
Ahí estaba, paradito en aquella esquina. Una mañana fue el centro de atención, todas las miradas se dirigieron a él, fue aplaudido de pie y al otro día su foto salió en la tapa del diario.
Su arribo a Villaguay generó revuelo.
- Ya era hora!
- Por fin!
- El progreso llegó para quedarse, comentaban los vecinos.
Desde allá arriba daba órdenes y todos obedecían. Imponía respeto, era el único, constituía un signo de progreso y desarrollo.
Su arribo enorgullecía a los vecinos de Villaguay. El pueblo se convertía en ciudad.
Luego, poco a poco la gente se fue acostumbrando a su presencia, su estampa ya no generaba atención y los pobladores sólo se limitaban a cumplir sus órdenes de mala gana. Ya era parte del paisaje.
Un buen día dejó de ser el único, el mimado y el privilegiado. La especie crecía y el tipo ya no estaba sólo.
Su nuevo compañero vivía lejos de él, pero el sólo hecho de saber que existía le generaba sentimientos encontrados: por un lado, se debía resignar a dejar de ser el único, pero por otro lado sentía cierta satisfacción porque ya no estaba solo en el mundo: ahora eran dos.
Ahora tenía la posibilidad de compartir, de comentar sus anécdotas, de expresar sus broncas, de gritar sus alegrías.
Convivieron durante años y la relación paulatinamente se fue afianzando, hasta que irrumpieron dos tipos nuevos. Sí, así, de golpe, de un día para otros dos nuevos ejemplares decoraban la ciudad.
Y a esta altura del partido, ya se podía decir que se había constituido una familia: papi, mami y los dos pequeños.
Eran cuatro, los cuatro fantásticos: dos sobre una línea de fuego, y dos sobre la otra. No paraban de abrir y cerrar sus ojos y, salvo algún que otro insurrecto que por las siestas o durante las madrugadas transgredía sus disposiciones, en general el resto se arrodillaba a sus pies.
Eran cuatro, seguían siendo cuatro y durante años constituyeron un cuarteto que dio que hablar. Hasta que un buen día se levantaron de la siesta, compraron el diario y se quedaron atónitos ante una de las noticias: “Cuatro más”.
“Uhhhhhhhhh, otros cuatro!!!”, manifestaron al unísono, con un dejo de fastidio, y se fueron a dormir. Al día siguiente se levantaron y prometieron no hacerse mala sangre, pero seguían enfurecidos.
A las pocas semanas el desconcierto los invadió por enésima vez: “Dos nuevas adquisiciones para la ciudad”, anunciaban en la radio.
“Ahhh nooo!! Estos se creen que gobernar es sacar a la cancha uno cada mes! No es así. Nos están usando”, exclamaron los semáforos.
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