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Villaguay | Entre Ríos | Argentina | Miércoles 21 de mayo de 2008

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LAS NOTAS DE LA MOSQUITA

Reacción tardía

   Ya ha corrido demasiada agua debajo del puente. El 11 de marzo el Ejecutivo nacional anunció un nuevo esquema de retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias y recién algunos días atrás, el jueves 15 de mayo, el bloque de concejales de la Unión Radical Vecinal (URV) manifestó pública y formalmente su postura con respecto al conflicto suscitado entre el sector agropecuario y el Gobierno nacional, conflicto que recién ahora comienza a tener algún atisbo de luz.

   Más de dos meses pasaron entre un hecho y el otro. Y fueron dos meses repletos de acontecimientos y discursos que marcaron la historia del país: 21 días de paro, varias rutas provinciales y nacionales colmadas de productores, un mes de tregua, otros tantos días de paro, y otros más y luego otros más.

   El conflicto además se llevó puesto a un Ministro de Economía de la Nación, y a un Secretario de Producción de la Provincia, también desnudó la interna pejotista entre Busti y Urribarri, resucitó los cacerolazos y puso contra las cuerdas a intendentes, legisladores y gobernadores.

   El conflicto volvió a instalar en la agenda pública el debate sobre la distribución de la riqueza, sobre la federalización del país, y sobre el hegemonismo del poder central.

   El conflicto generó dudas acerca del denominado “modelo productivo” imperante, y provocó que hasta en las peluquerías las doñas repartan sus comentarios entre lo que pasó anoche “en lo de Tinelli” y “la fortuna que ganan los de Cargill”.

   El conflicto, y el desabastecimiento, y la inflación salvaje, y las culpas y las responsabilidades que iban y que venían, y la confrontación permanente, y la pelota que no paraba de rodar, y que un día estaba de un lado y que al otro del contrario, y la denominada cultura del “aguante”, que literalmente se trasladaba del fútbol a la política.

   El conflicto revivió la vieja antinomia entre unitarios y federales, alojó nuevamente en la tapa de los diarios el viejo término “oligarquía”, logró reunir un más que diverso conjunto de ideologías en “LA” plaza, en las plazas, en las rutas, en las calles: la derecha, la izquierda, el centro, el progresismo, los fachos, todos juntos, amontonados y exigiendo que “Cristina de marcha atrás con las retenciones”.

   El conflicto generó lo imposible: que la elitista Sociedad Rural y la Federación Agraria se pongan la misma camiseta, que el pibe que gana 600 pesos mensuales y la tipa que posee una casa valuada en 200 mil dólares y tiene 700 hectáreas compartan el mismo metro cuadrado en la misma plaza haciendo el mismo tachín tachín: uno con una botella de plástico, la otra con su fina cacerola de teflón. Ambos con el mismo cartel colgado del cuello: “Estoy con el campo”.

   El conflicto y sus miles de voces manifestaron que hay “mensajes cuasi mafiosos”, que “he sido totalmente coherente con el conflicto del campo”, que “a duro, duro y medio”, que los “piquetes de la abundancia”, que “Presidenta, bájese de la soberbia”, que la soja “es un yuyo”, que “la puta oligarquía”, que “todos somos el campo”, que “no voy a claudicar bajo ninguna presión de ninguna clase y de ningún sector político ni provincial ni nacional”, que “es para Cristina que lo mira por TV”, que “Urribarri, sos un delegado presidencial”, que “tenés una 4x4”, que “el doble comando”, que “cada palo que nos dan, nos une más”, que el “lock out patronal”, que “Señora Presidenta, no nos bajamos de la ruta”, que “los grupos concentrados”, que “los generales multimediáticos”, que “nos une el espanto”, que el “cabildo abierto”, que “hay una injusticia en el análisis de los titulares de los diarios”, que “tenemos aguante”, que “nosotros también tenemos aguante”, que “entiendan a Urribarri”, que “las bases”, que “las cúpulas”, que “hay que enfriar la economía”, que “no hay que enfriarla”, que “el matón de D’Elía”, que "no quemen más los campos, no tiren más humo, no desabastezcan y no jueguen con el desarrollo de la Argentina", que “Alfredo, Alfredo”, que “Cristina, Cristina”.

   El conflicto, más allá de esta nueva tregua, hace 70 días que es el protagonista absoluto de todo. Pero tuvo que pasar medio marzo, todo abril y medio mayo para que los concejales de la Unión Radical Vecinal salieran en bloque a gritar orgánica y públicamente su opinión con respecto al gran conflicto gran.

   ¿Por qué tanto tiempo? ¿Muchachos, qué les pasó que demoraron tanto? Si fuesen parte del oficialismo, la dilatación en la toma de una postura se podría deber a ciertas presiones y, aunque no sería justificable, sería comprensible… pero vamos, forman parte de la oposición, la gran mayoría de ustedes pertenecen al centenario partido y, en este marco, resulta inentendible que no hayan salido antes, mucho antes, a decir lo que presentaron el jueves pasado en el Concejo.

   Ustedes le podrán responder a esta Mosquita que prefirieron no dejarse ganar por el oportunismo barato, o que no querían echar más leña al fuego, o etcétera, pero son concejales opositores de una ciudad cuyo motor es el campo y, en tal sentido, es inexplicable que no hayan sido los primeros en salir a manifestar públicamente lo que pensaban.

   Esta Mosquita coincide en gran parte con lo que presentaron el jueves 15 en el Concejo, pero considera que la falla radicó en tomarse más de dos meses para hacerlo.

  Más allá de que varios de ustedes han salido a opinar sobre el conflicto e incluso seguramente han visitado la protesta de Cinco Bocas, sorprende que como bloque opositor, en forma orgánica, pública y formal, lo hayan hecho recién hace apenas un puñado de mañanas, cuando otros estamentos del partido (el Comité Nacional, el Provincial, el Departamental, los bloques legislativos provinciales y nacionales, los convencionales) hace ya un tiempo que empezaron a patalear contra las retenciones y las políticas K.

   Obviamente que haberlo hecho antes no iba a modificar el curso de los acontecimientos, porque en definitiva se trata de una lucha de poder que va mucho más allá de lo que opinen los concejales de cualquier ciudad del país, pero de todos modos la reacción fue demasiado tardía. Demasiado.

   Quizás la ausencia de fuertes referentes nacionales y provinciales les esté generando cierto desconcierto y tal vez estén un tanto desorientados, pero los hechos demuestran que últimamente se ha vuelto una costumbre entre los radicales esto de reaccionar tardíamente. Una pena.

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