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Villaguay | Entre Ríos | Argentina | Lunes 26 de enero de 2009
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EL PUEBLO publicó un intersante debate sobre la educación en Villaguay

¿Quién falla cuando casi nadie aprueba una materia?

Supongamos que un profesor de la escuela secundaria desaprueba al 80% o 90% de sus alumnos: ¿Ello necesariamente refleja deficiencias por parte de los alumnos? ¿O el que fracasa es el docente? Pero además: ¿Cómo debe solucionarse esa situación? ¿El profesor tiene que bajar el nivel? ¿Los alumnos deben estudiar más?

Ésas y otras preguntas, nada nuevas, originaron hace algunas semanas un áspero debate en el foro de opiniones del sitio Noticias Villaguay. A partir del caso de una profesora que, aparentemente, suele desaprobar a la mayoría de sus alumnos, hubo quienes echaron culpas sobre la docente y otros que responsabilizaron, y mucho, a los estudiantes.

En ese contexto EL PUEBLO eligió a cuatro villaguayenses vinculados de diversas formas a la educación secundaria y les formuló la pregunta en cuestión: ¿quién falla cuando la gran mayoría de los alumnos de determinadas materias son mandados a rendir en diciembre o marzo?

También les pidió sus opiniones acerca del nivel de los profesores y de los alumnos de Villaguay, y les preguntó si los docentes de la ciudad deberían ser en general más exigentes, o menos. 

Las contestaciones reflejaron toda clase de diferencias, pero también presentaron numerosos aspectos coincidentes, algunos quizá sorpresivos.

Hubo acuerdo, por ejemplo, en que muchos alumnos no aprueban sencillamente porque no estudian. Pero también hubo cierto consenso, acaso inesperado, en que no pocos docentes tienen escaso o nulo interés por sus tareas y consideran a la docencia sólo como salida laboral.

Cuatro consultados

* Mónica David. Es profesora de Historia, Se desempeña en varias escuelas de Villaguay, en EGB3 y Polimodal.

* Hilda Raquel García. Es la vicerrectora de la Escuela Normal Superior Martiniano Leguizamón.

* Federico Gélvez. Es egresado de la Escuela 17 Leopoldo Herrera. Terminó quinto año en 2008.

* Jorge Alberto Pérez. Es padre de un alumno de secundaria. Además es docente, profesor para la Enseñanza Primaria, egresado del Profesorado de la Escuela Martiniano Leguizamón. Ha dado clase en escuelas primarias del departamento y ha hecho suplencias en establecimientos secundarios. Es empleado municipal: en ese carácter ejerció durante siete años la dirección de la Escuela de Artes y Oficios.

¿De quién es la falla cuando la mayoría desaprueba
una materia? ¿De los alumnos o del profesor?

Federico Gelvez recalcó que el profesor tiene «la mitad de la culpa» en los aplazos masivos. «La otra mitad es obviamente del alumno» e incluso el estudiante quizá tenga más culpa que el docente.

Según el joven, «pocos se interesan por la escuela en estos tiempos: los chicos suelen tener otros intereses, y los docentes no se dedican de lleno a los alumnos».

Jorge Pérez consideró que las fallas de los docentes pueden apreciarse no sólo cuando desaprueban a la mayoría, sino también cuando les ponen muy buenas notas a todos. «Siempre los extremos son malos», opinó.

Dijo además que muchos docentes «no tienen ningún tipo de responsabilidad» y no son controlados por los directivos.

Entendió también que «los paros gremiales, las asambleas, los días institucionales y las constantes ausencias de los docentes» determinan que sean muy pocos los días reales de clases.

«Ningún profesor, por más eficiente que sea, alcanza a desarrollar los programas completos y tampoco existe una eficaz articulación entre colegas de las mismas áreas para saber hasta dónde se llegó el año anterior y dónde hubo problemas».

Aseveró que «no se tienen para nada en cuenta los conocimientos previos adquiridos» y que «el educando paga muy caro estas cuestiones».

Señaló además que debería haber «un real seguimiento al docente,  similar al sistema que evalúa el desempeño de los árbitros de fútbol profesional».

«Al educando no se le paga para que estudie, al educador sí, para que enseñe», concluyó.

Mónica David entendió que «la evaluación es un elemento de la educación, y ésta a su vez es un proceso en el que se relacionan muchos sujetos y partes, cada uno con sus intereses y necesidades».

Manifestó que «para comprender los resultados de los exámenes debemos considerar varios elementos: el nivel del alumno, su organización del tiempo, la estrategia de evaluación, los conceptos que debe saber el alumno, los objetivos del docente y de la institución y el entorno, entre otros».

Sobre todo el entorno, dijo, «juega activamente en los momentos de evaluación, considerando entorno tanto la familia como el grupo de pares del educando.

Raquel García reveló que «es cada vez mas elevado» el número de alumnos que van a los recuperatorios, en todos los establecimientos. Y si bien no responsabilizó de esa situación a los profesores, remarcó que «faltan docentes especializados», «profesionales capacitados para desarrollar sus cátedras».

«Todos sabemos que el concursar con credencial da posibilidades a todos», lo cual hace que «muchos docentes se inscriban en varios espacios» y terminen así perjudicando al adolescente.

Sostuvo que «el sistema de recuperatorios debe ser cambiado como lo tienen otras provincias y volver a los  exámenes trimestrales: esto ayudará a los estudiantes cuando pasen de la escuela media a la facultad para que no sea tan grande la diferencia».

¿Es bueno en general el nivel de los estudiantes
secundarios de Villaguay? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué?

Mónica David indicó que muchos chicos «no saben organizar su tiempo para estudiar: descansan durante el año y cerca del fin de curso les entra el apuro. A veces eso no les alcanza y se llevan varias materias».

Según dijo, «uno de los problemas que afecta el rendimiento es la dificultad con la lectura: a muchos chicos no les gusta leer, por lo tanto no comprenden y mucho menos pueden elaborar o producir textos.

¿Entonces? ¿Cuál sería la solución? Para ella, es necesario construir una nueva escuela “entre todos”: eso es responsabilidad del gobierno, la familia, los gremios, los supervisores, la escuela (directivos, docentes, administrativos) y los propios alumnos.

Esta idea de sumar esfuerzos apareció también en el testimonio de Raquel García, quien sostuvo que «el acompañamiento de la familia» y «el interés» los chicos es «fundamental» para el rendimiento escolar.

Federico Gélvez dijo desconocer si el nivel es bueno, pero estimó que seguramente es mejor que el que demuestran los adolescentes que suelen aparecer en los medios de comunicación. «Digamos que el nivel es justo y preciso», definió.

Raquel García opinó que «algunos alumnos son muy buenos», mientras que otros «no estudian y siempre echan culpas» a terceros. 

Según dijo, «fracasa el que está solo, el que no tiene límites y que está dentro de la escuela por obligación».

Jorge Pérez manifestó que «el alumno es el fiel reflejo del educador: si cuestiono al educador, indefectiblemente tengo que caer sobre el alumnado».

Sostuvo además que un aspecto importante para mejorar el nivel de la secundaria es «ajustar más las tuercas». Y citó a Juan Domingo Perón («a pesar de que no profeso las ideas del peronismo») en el sentido de que «toda persona es buena, pero es mejor si se la controla».

Admitió que ese «ajuste de tuercas» constituye un objetivo de difícil cumplimiento, puesto que debe tratar de conseguirse en la etapa mas complicada de la persona, que es la adolescencia», pero razonó: «si antes se podía, ¿por qué no ahora?».

¿Los profesores de Villaguay deberían,
en general, ser más exigentes, o menos?

Para Federico Gélvez, los profesores no necesariamente deben ser más exigentes en sus clases, pero sí deberían dar más tareas extraescolares, lo que mantendría al alumno en permanente contacto con los saberes a adquirir.

Jorge Pérez fue un poco más lejos: opinó directamente que los docentes de Villaguay deberían ser más exigentes.

En los tiempos que corren, afirmó, «una gran mayoría de profesores se limita a llevar fotocopias y dárselas a los alumnos». Otros docentes suelen «agrupar a los estudiantes en equipos de 4 o 5, para que presenten una carpeta con determinado tema», alentando así a que los chicos «extraigan artículos de internet, les saquen copias y chau».

Raquel García opinó que las instituciones «deben exigir» pero a la vez «estar en condiciones de impartir conocimientos y lograr que los alumnos puedan manejar las nuevas herramientas tecnológicas».

Dijo que el proceso debe ser acompañado desde la supervisión e incluir la evaluación en el hacer cotidiano.

«Los conflictos están todos los días: hay que hacerles frente con lo que se sabe y acudir a profesionales (psicólogos, psicopedagogos, etc.) ya que cada vez es más difícil la problemática del adolescente».

Expresó además que «una buena educación es posible cuando el compromiso y el protagonismo involucran a todos, no sólo docentes y directivos». Y recalcó que «la escuela sola no debe sostener el problema social».

¿En general es bueno el nivel de
los docentes de Villaguay?  ¿Sí? ¿No? ¿Por qué?

El joven Federico Gélvez señaló que «gran parte» de los docentes de Villaguay presentan buen nivel y «están bien formados en sus respectivas especialidades».

«A mí me han sacado casi todas las dudas que les he planteado», dijo, aunque consideró que «en algunos casos se encuentran restringidos por las pocas horas cátedra asignadas».

Coincidentemente, Jorge Pérez estimó que «en general», el nivel de los profesores en Villaguay es bueno, en concordancia con los históricos desempeños docentes de la provincia de Entre Ríos.

Raquel García, por su parte, dijo que «hay muy buenos profesionales, que saben cuál es su rol y dan lo mejor de sí». Otros, en cambio, «lo toman sólo como una salida laboral».

Mónica David, en tanto, manifestó que «en general», los docentes «se preocupan por mejorar la calidad de su tarea, pero se encuentran avasallados por otras exigencias».

«A veces reciben las quejas de los adultos y tienen que resolver problemas que afectan el normal desarrollo de una clase: falta material, no hay bancos».

«Muchas veces quisieran hacer capacitaciones que  mejorarán su trabajo, pero las buenas capacitaciones son imposibles pagar con el sueldo de docente», justificó.

Por último, dijo que al inicio de cada año los profesores deben aclarar sus formas de trabajo y sus criterios de evaluación, no sólo antes los alumnos sino también a los padres.

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