Dice que el guerrillero solía pernoctar en una arrocera cerca de La Zoila
Orlando Retamar prepara un libro para contar cómo se cruzó con el Che Guevara en Villaguay

Caía la noche y el hombre caminaba a un costado de la vieja ruta 18, por entonces enripiada. La camioneta paró y le ofreció llevarlo pero el desconocido agradeció, dijo que esperaba un micro y siguió su marcha. La escena se repitió meses después pero esta vez el caminante aceptó el convite.
El extraño caminante era ni más ni menos que Ernesto Che Guevara; y el hombre de la pick era don Pedro Menduiño, quien por entonces era dueño de una arrocera cerca de La Zoila.
Así, azarosamente, nació la relación entre Menduiño y el Che, según el relato de Orlando Retamar, quien luego tuvo la oportunidad de ser testigo de la presencia de Guevara en nuestra zona, cuando fue invitado a llevar su guitarra para animar un asado en honor al visitante, organizado por el productor arrocero.
Esa es la historia que Retamar contará en el libro que está preparando; y con el que no pretende hacer un aporte político ni resaltar la figura del protagonista, sino solamente dejar sentado que él vio al Che en Villaguay.
Corría el año 59 y mientras Guevara derrotaba a la dictadura de Fulgencio Batista, Orlando Retamar volvía a nuestra ciudad desde Rosario del Tala –adonde había ido para hacer la conscripción- sin trabajo ni dinero.
Cuenta Retamar que fue don Kico Núñez quien le dio una mano en aquel entonces. Lo llevó a trabajar en la pulpería que tenía a la vera de la ruta 18, también cerca de La Zoila.
La propuesta laboral le dio algunos problemas familiares. Es que, sabiendo que se conocían desde chicos y que a ambos les gustaban los asados largos acompañados por música y vino, la mujer de Retamar le puso una condición: que vaya a trabajar a la pulpería de Núñez, pero sin la guitarra.
El escollo fue fácil de sortear. A la primera de cambio, el pulpero le regaló a don Orlando una guitarra nueva que adquirió en Casa Gamarra.
Y fue mientras trabajaba en ese lugar, y fue con esa guitarra, que Retamar conoció al Che Guevara.
No recuerda con precisión el año. Pero era verano y era entre 1964 y 1966. Fue una vez en la que Menduiño, que ya había hospedado al extraño viajero más de una vez en su estancia, invitó a Núñez a participar de un asado.
“Quiero una carne buena como para doce o quince personas. Y vení vos y traelo al muchacho con la guitarra”, dice Retamar que le dijo Menduiño a su patrón y amigo.
Y asegura que les hizo una aclaración reveladora: “Este asado no es para buchones, porque el que va a comer con nosotros es el futuro presidente de Cuba”, cuenta que dijo el estanciero.
Retamar recuerda que el visitante era un hombre muy educado y, con cierto orgullo, rememora que en un segundo encuentro -también en lo de Menduiño, también asado de por medio-, el extraño le pidió que le cantara dos de las seis canciones que le había escuchado la primera vez: “Protesta gaucha” y “El trovero”.
“Seguramente le gustaban porque tenían que ver con sus ideas”, supone Retamar.
Contexto
En los años en que Retamar sitúa el relato, Guevara ya había dejado Cuba con la intención de expandir la revolución.
Entre 1963 y 1964 una facción guerrillera que le respondía se intaló en la Argentina y es altamente probable que por entonces haya entrada y salido del país, siempre de incógnito y con nombres falsos.
Después, encaró su aventura guerrillero en la República Democrática del Congo, que resultó un completo fracaso; y por último inició la revuelta en Bolivia, donde terminaría cayendo abatido el 9 de octubre de 1967.
Por aquellos años, se supo que usaba un pasaporte uruguayo con el nombre de Adolfo Mena González. Y poco antes se hacía llamar Ramón Benítez Fernández.
Más presencias
El relato de las visitas de Guevara a Menduiño no cierra el capítulo de las presencias del guerrillero en nuestra zona.
Otras versiones indican que, cuando era joven, pasó casi un mes en la estancia La Paterna, en Raíces. Y otros cuentan que lo conocieron una noche lluviosa en el bar El Supremo.
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